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jueves, 4 de octubre de 2012

Capítulo 17


Por la tarde Álex y yo continuamos con nuestra tarea, y para las cinco de la tarde ya habíamos terminado, hacia apenas unos minutos que mi madre había salido a tomar café con alguna de sus amigas y Álex y yo decidimos quedarnos en casa y pasar un rato los dos a solas. Decidimos quedarnos en el sofá viendo una película, al principio estaba atenta a la película pero él no paraba de darme pequeños besos en el cuello y me distraía. Acabé sin ver la película ya que cada vez que me besaba el cuello me erizaba, al final acabe plantándole un beso en la boca y a partir de allí nuestras bocas comenzaron un baile sin fin que fue interrumpido con el grito de mi madre diciendo que ya estaba en casa. Álex y yo nos separamos y yo me puse roja, vi como él cogía uno de los cojines y se lo ponía encima de las piernas, yo puse cara de asombro, ¿en serio había conseguido ponerlo así? Yo empecé a reír aun sabiendo que mi madre acababa de llegar, Álex me miraba como diciéndome que me callara y que luego me las pagaría pero no podía parar de reír, cuando mi madre entró al salón y vio el panorama prefirió salir de allí, seguro que estaba pensando que me había vuelto loco, yo riéndome y mi novio sonrojado. Cuando conseguí parar, miré a mi chico, me levanté, le di un pequeño beso, le guiñé el ojo y fui hacia mi habitación, pero antes de poder llegar a la puerta él me abrazo por la espalda y hay pude notarlo, ahora la que se puso roja fui yo. Él acercó su boca a mi oreja y me susurró: “Amor, eres muy mala, ya me las pagarás”, dicho esto me dio un beso en el cuello y salió corriendo hacia la habitación, yo me dirigí allí con paso lento y justó cuando iba a entrar vi a mi chico con ropa en la mano.
-Voy a darme una ducha de agua fría, que si no, no hay forma de ya sabes- dijo él mientras miraba hacia sus pantalones.
Yo me metí en la habitación, me tiré en la cama y empecé a pasar suavemente mi mano sobre mi vientre. No pasó mucho tiempo cuando noté que la cama se hundía del lado izquierdo, giré mi cabeza hacia allí y vi a Álex mirándome fijamente. Me dio un beso y puso su mano junto a la mía.
-Te amo, ¿lo sabes?-me dijo mientras me miraba.
-Y yo a ti pequeño-le dije mientras ponía una de mis manos en su mejilla y lo acercaba a mi. Poco a poco nos fuimos acercando y acabamos besándonos pero la inoportuna de mi madre tuvo que aparecer otra vez.
-Chicos, que queréis de....Upps lo siento mucho chicos, no quería interrumpir.
Vi como mi madre salió corriendo de la habitación, ya era la segunda vez en el día que nos pasaba.
Álex y yo nos miramos y nos pusimos a reír, no era para menos,lo que nos ocurre a nosotros no le ocurre a nadie. Yo conseguí calmarme antes que él, así que me levanta y fui hacia la cocina, mi madre al verme entrar me miro con cara de pena y justo cuando iba a empezar a hablar le puse la mano en la boca.
-No pasa nada mamá, antes a pasado lo mismo jajaja -dije mientras le quitaba la mano de la boca- y haz lo que quieras de cenar que nos da igual-después de aquello le di un beso en la mejilla y fui hacia el comedor. Allí empecé a poner la mesa y al rato se unió Álex para ayudarme, entre risas pusimos la mesa mientras mi madre cocinaba. Poco a poco iba cayendo en la cuenta de que tendría que hablar con mi padre de lo que ocurrió con Álex, creo que no se lo tomará mal lo de que se quede, pero lo que puede que le moleste sea que duerma en mi habitación. Pero para saber lo que responderá tengo que esperar a que venga.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Capítulo 16


Cuando salimos de la casa de Álex dejamos a su madre llorando ya que él prefería salir de su casa antes de que su padre llegase. Al final Álex había salido de allí con una gran parte de sus pertenencias, el maletero estaba a rebosar.
En pocos minutos llegamos a la puesta de mi casa, era ya la hora de comer y por tanto mi madre había llegado.
Al entrar un olor exquisito se coló en mi y lo único que pude hacer fue salir corriendo hacia la cocina donde encontré a mi madre rondando por la cocina preparando un asado que tenía una pinta suculenta. Mi madre se pegó un pequeño susto al escuchar la puerta abrirse tan rápido pero se recupero enseguida y fue a abrazarnos a los dos.
-¿Qué tal chicos? ¿Cómo os habéis levantado esta mañana?
-Bien mamá, aunque tenemos que hablar con papá y contigo.
-¿Y eso? No me asustes hija.
-Bueno... es que...-dije pero antes de poder continuar Álex me interrumpió.
-Lo que Malena quiere decir es que por lo que pasó anoche entre mi padre y yo, pues que cuando hemos ido esta mañana a mi casa y e subido a mi habitación me e encontrado con una nota de mi padre la cual decía que o dejaba a su hija o me iba de esa casa, y como yo nunca voy a dejar a su hija pues me e marchado y la verdad no tengo ningún sitio al que ir, y bueno... ¿podría quedarme aquí?-dijo Álex mientras se posicionaba detrás mía y envolvía sus brazos a mi alrededor.
Mi madre se quedó un rato en silencio meditando aquello que le acababa de decir él, se sentó en una de las banquetas de la cocina y nos miró fijamente.
-Por mi, hijo, no hay ningún problema y por mi marido tampoco creo, ya que al ver que metió la pata anoche se siente un poco mal, así que sí te puedes quedar. Lo que no se es donde dormirás.- dijo mi madre dubitativa.
-Mamá, Álex puede dormir en mi habitación-dije yo en un susurro pero lo bastante alto como para que lo oyera.
-No se, hija...
-Mamá, no me puede dejar embarazada, ya lo estoy, no va a pasar nada- dije mientras mis hormonas salían a flote y mis ojos se llenaban de lágrimas.
-Bueno, venga vale, meter sus cosas ahí, ya veré como se lo digo a tu padre.
-No mamá, ya es hora de que afronte las cosas por mi misma, así que lo de decírselo a papa lo hago yo.-dije con toda mi valentía dejando atrás las lágrimas.
Mi madre se quedó sorprendida pero no dijo nada, se levantó y empezó a poner la mesa. Álex y yo salimos dirección a su coche para coger las cosas del maletero. Álex solo me dejó coger una de sus bolsas con ropa y después me hizo quedarme en la habitación con la excusa de hacerle hueco para que pudiera poner sus cosas. Mientras que el iba y venía yo le vacíe dos cajones de mi cómoda y le dejé un espacio bastante grande para que pudiera meter sus cosas en el armario. Cuando dejó su caja de libros y discos me dispuse a colocarlos junto a los míos. Así estuvimos los dos hasta que mi madre nos llamó para que fuéramos a comer. Yo fui la primera en sentarme y empezar a comer lo que hizo que aquellos dos se rieran pero me dio igual, yo era feliz comiendo aquel asado.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capítulo 15


Al levantarme, noté que estaba apoyada en algo realmente cómodo que no podía ser mi almohada. Poco a poco fui alzando mi vista hasta que me encontré con la sonrisa y los ojos con los que todas las noches soñaba.
-Buenos días dormilona- dijo Álex mientras me daba un pequeño beso en la frente.
-Hola- dije a la vez que un bostezo se escapaba de mi boca- ¿Te quedaste a dormir?-pregunté dudosa.
-Pues... la verdad es que tenía pensado irme en cuanto te durmieras pero acabé durmiéndome yo también.
-¿Y ni mis padres ni los tuyos nos han levantado?
-Parece ser que no.- dijo el envolviendo sus brazos a mi alrededor.
Nos quedamos en esa posición durante un rato hasta que mi estomago comenzó a rugir de forma sonora haciendo que me pusiera tan roja como un tomate.
-Parece ser que alguien tiene hambre- dijo Álex mientras me ayudaba a levantarme, me dio un piquito y salimos los dos tomados de la mano hacia la cocina.
Al llegar a la cocina vimos una nota escrita por mi madre que nos decía que había tenido que irse a trabajar y que llegaría sobre la hora de comer.
Me iba a poner a preparar el desayuno para los dos pero él no me dejó, así que no tuve más remedio que permanecer sentada en una de las banquetas y ver como preparaba nuestro desayuno, el cuál tenía una pinta exquisita.
Fui yo la primera en terminar así que dejé las cosas en el fregadero y fui hacía mi habitación para arreglarla y vestirme. Mientras que estábamos desayunando Álex había decidido ir a su casa para que pudiera cambiarse y de allí nos íbamos al cine a ver una película.
Al rato de estar arreglando la habitación entró Álex así que aproveché para poder vestirme. Me puse unos vaqueros desgastados y una camisa azul juntó a mis inseparables converse.
Una vez todo estuvo listo nos fuimos hacía su casa. Allí nos encontramos nada más que a la madre de Álex, que al verle se tiró a sus brazos y comenzó a llorar. Cuando consiguió calmarse nos sentamos ella y yo en uno de los sofás del salón mientras que Álex subía a cambiarse.
Estábamos mi suegra y yo hablando tan tranquilamente cuando vimos a Álex llegar hacía nosotras con una maleta en la mano y una hoja de papel en otra.
-¿Cómo es posible que papá me haga esto?-dijo mientras tiraba el papel hacía nosotras. Al leerlo me quedé sorprendida nunca llegué a pensar que su padre podría ser así. En el papel le había dado un ultimátum a Álex diciéndole que si seguía saliendo conmigo y reconocía al bebé tendría que marcharse de esa casa. Yo comencé a llorar, todo esto era por mi culpa. De repente noté como Álex me abrazaba y me decía que no pasaba nada y que todo esto se solucionaría. Mi suegra se había quedado petrificada al leer aquello y cuando consiguió salir del estupor alzó la cabeza, miró a su hijo y asintió y esté le sonrió y abrazó fuertemente. Estaba totalmente perdida no sabía lo que había pasado mientras estaba llorando.
-Amor, ¿tú crees que me podría mudar contigo'-dijo mi chico mientras soltaba a su madre y se dirigía hacia mi.
Al principio me costó asimilar lo que había dicho pero en cuanto lo entendí, di tal salto que me enganche en su cadera y lo besé poniendo en aquel besó todo mi empeño y esfuerzo para que sintiera todo lo que lo amo.
-¿En serio te vas a venir? Yo creo que por mi madre no habría problema, pero lo mismo a mi padre va costar convencerlo...-mi chico tuvo que callarme con un beso ya que había comenzado a hablar y no podía parar.
Álex subió hacia su habitación para llenar aquella maleta y mientras su madre y yo nos fuimos con él también para ayudarle.
-Álex, hijo, me prometes que vendrás por lo menos un día a la semana a verme?-dijo mi suegra mientras doblaba una de las sudaderas de él e intentaba retener el llanto, cosa que no consiguió.
Álex dejó lo que tenía en sus manos y se acercó a ella y la abrazó.
-Mamá te prometo que vendré a verte todos los días no solamente uno a la semana.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo 14


Había pasado ya una semana desde que vi por primera vez a mi bebé. Iba ya de tres meses y medio y ya se empezaba a notar un pequeño vultito.
El día siguiente a la eco fui a la casa de mi chico para darle el regalo a mi suegra, que nada más verlo comenzó a llorar y reír sin parar, nos abrazó efusivamente a su hijo y a mi y nos hizo infinidades de preguntas.
Y ahora estaba en mi habitación esperando a que llegase Álex y toda su familia para cenar, y estaba asustada por como iría todo. Sabía que mi padre iba a sacar el tema del embarazo, y a pesar de que no me había dicho nada sobre el tema durante toda la semana, sabía que hoy saldría por fin. Y lo que más temía no era lo que pasaría con mi padre si no con el de Álex que no sabía nada de esto. Estuve dando vueltas por mi habitación hasta que escuche el timbre, bajé hacía el salón y me acomodé en uno de los sofás. De repente mi visión fue tapada por unas manos que ya conocía de sobra, una sonrisa se instalo en mi cara y giré la cabeza hacia mi chico para poder besarle. Le di un pequeño piquito y él se sentó a mi lado al igual que Zaira que se sentó en el otro. Mi madre y mi suegra se fueron hacía la cocina para terminar de poner la comida, y mi padre y mi suegro se dirigieron a sus puestos en la mesa. Nosotros tres nos sentamos también de la misma forma que en el sofá, es decir Álex y Zaira a los lados y yo en medio de ellos. Una vez todos sentados en la mesa, comenzamos a cenar, al principio notaba a mi padre demasiado tenso pero por suerte comenzó a hablar con mis suegros y se fue tranquilizando. Cada vez estaba más nerviosa porque veía que se acercaba la hora de la verdad. Álex tenía una de mis manos cogida por debajo de la mesa y cada vez que me notaba temblar la apretaba para darme a entender que el estaba ahí conmigo y que no se iría. Mi madre fue hacía la cocina con algunos de los platos vacíos y yo la ayudé. Una vez solas en la cocina me abracé a ella y no pude aguantar las ganas de llorar. Estaba demasiado nerviosa y asustada.
-Ey pequeña, ¿qué te pasa cielo?-me dijo mi madre mientras acariciaba mi espalda.
-Me asusta todo esto-dije en apenas un murmullo.
-No tienes porque temer a nada cariño, ya verás como todo sale bien.
Poco a poco mi llanto fue cesando hasta que paró completamente, fui hacía el fregadero y me eché un poco de agua en la cara.
-Mamá, ¿sabe papá que el padre de Álex no sabe nada de nada?
-La verdad no lo se hija, pero ya verás como todo va a ir bien...¿quieres que llame a Álex y Zaira?
-Si , por favor.
Mientras mi madre salía por la puerta, yo me senté en uno de los taburetes de la cocina, no habían pasado ni cinco minutos cuando vi la cabeza de Zaira y Álex asomar por la puerta, les hice un movimiento de mano y pasaron.
Zaira fue la primera en ver mi cara y descubrir que había estado llorando así que se acercó a mi y me abrazó, Álex parecía no darse cuenta, hasta que alcé la cabeza y me miró, hice una mueca extraña que no supe saber el porque, se acercó a nosotras dos y nos abrazó. Estuvimos un rato los tres en la cocina sin hablar apenas. Álex me había hecho levantarme y sentarme en su regazo, y mientras hablábamos comenzó a mover suavemente su mano sobre mi vientre haciendo que me relajase aún más. Sentía que me estaba quedando dormida y la verdad es que me daba igual. Zaira había dicho que iba a ir al baño. Y justo cuando abrió la puerta de la cocina se escucho un grito tremendo que sin duda alguna pertenecía al padre de Álex, que estaba como un loco gritando y moviendo las manos de un lado a otro de forma nerviosa.
Me bajé de Álex y salí de allí, fue poner un pie en el comedor y el padre de Álex empezó a señalarme y a decirme puta o mal nacida, aquello hizo que comenzase a llorar de nuevo. Alguien intentó meterme de nuevo a la cocina pero no le dejé. Escuché como Álex le gritaba a su padre y como aquel se lo devolvía, parecía que estaban a punto de matarse con la mirada. Como pude llegue hasta Álex y le cogí del brazo, note como poco a poco giraba su cuerpo hacía mi y lo que vi en sus ojos me hizo llorar más aún, él me abrazó y nos movió hacía mi habitación terminando aquella pelea. Nos acostamos en mi habitación y mi llanto no cesaba. En algún momento de la noche acabe durmiéndome, solo se que lo último que escuché fue: “Nunca me iré de tu lado, te amo”.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Capítulo 13


Por fin ya había visto a mi bebé, aunque solo fue una simple manchita me encanto. La doctora nos dio cuatro ecos, Álex y yo nos quedamos una cada uno y las otras dos serian para mi madre y mi suegra.
Nos dirigimos hacia el coche y una vez dentro mi sonrisa no podía dejar mi boca, Zaira estaba igual que yo y Álex no paraba de mirarme y sonreír como un tonto.
Volvimos a hacer el mismo camino en coche pero estaba vez hacia mi casa y justo cuando estábamos llegando me entraron unas ganas tremendas de comerme un helado de frambuesa, Álex tuvo que dar la vuelta y mientras mi querida amiga se reía de mi, fuimos hacia la tienda 24 horas para comprarlo.
Mientras él se bajó a comprarlo Zaira empezó a reír a carcajada limpia.
-Chiquilla, ¿qué te pasa?-pregunté aguantándome las ganas de reír.
-Tienes a mi hermano a tus pies, en serio, eres mi ídola, si le llego yo a decir que vaya a comprame algo me manda a tomar fanta.
Al final acabamos las dos riendo y cuando Álex volvió al coche y vio el panorama se quedo con cara de póquer, pero no dijo nada. Me pasó el helado y arrancó el coche.
Justo cuando estábamos en la puerta de mi casa, salí corriendo del coche, cogí la llave del bolso, abrí la puerta y fui directa a la cocina. Allí tomé una cuchara y comencé a devorar el helado, que por cierto estaba rico no lo siguiente. Al cabo de unos minutos vi aparecer por la puerta a mi madre , a Álex y a Zaira que al verme empezaron a reír.
-¿Estás rico?-preguntó mi madre con burla.
Yo no contesté si no que asentí con la cabeza y seguí a lo mio. Ellos tres se sentaron junto a mi y mi madre empezó a hacernos preguntas.
Mientras le contábamos empecé a rememorar ese momento y comencé a llorar.
-Putas hormonas.-dije en un susurro intentando que mi madre no me escuchase, pero fallé en mi intento.
-Esa boca-dijo poniendo cara de enfadada.
-Lo siento pero es la verdad.
-Y bueno,¿dónde esta la eco de mi nieto o nieta?
Volví a abrir mi bolso, tomé la cartera y la saqué, no tarde ni dos segundos en sacarla cuando mi madre me la arrancó, literalmente, de las manos. Vi como en su boca comenzaba a formarse una “o”
y que de sus ojos salían lágrimas de la emoción.
-Hija, ya veras que contento se pone tu padre cuando se la enseñe-dijo mi madre todavía con la vista fija en la eco.
Poco a poco las palabras que había dicho mi madre empezaron a llegar a mi, mi padre ya lo sabía.
-¿Papá lo sabe?
-Mierda e metido la pata, dijo mi madre tapándose la boca.
-¿Mamá?- le pregunté ya poniéndome nerviosa.
-Vale, si, tu padre ya lo sabe, pero me dijo que no te dijera nada y que quería hablar contigo y con Álex cuando él se quedase a cenar en casa alguna noche, pero e metido la pata y te lo e dicho, así que si tu padre te pregunta sobre algo de esto dile que no e dicho nada, ¿entendido?- dijo mi madre totalmente seria.
-Entendido-dije encogiéndome de hombros.
Seguimos hablando de cosas sin sentido hasta que se hizo tarde y Álex y Zaira se tuvieron que ir. Me despedí de ellos y subí a mi habitación para poder ducharme. Después de eso cené con mis padres como todas las noches y volví a mi habitación. Me recosté en la cama y comencé a pasar suavemente mi mano sobre mi vientre hasta que acabé totalmente rendida en los brazos de morfeo.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 12


La semana pasó rápido y por fin ya era martes, esta eufórica, por primera vez vería a mi bebé y según me dijo mi madre escucharía por primera vez su corazoncito. Álex vendría a por mi dentro de media hora, que por cierto la espera se me está haciendo eterna, necesito que venga ya, esto es insufrible. Mi madre cada vez que se asoma al salón comenzaba a reír al verme, no podía estarme quieta, no se cuantas vueltas le e dado ya a los canales de la tele, cuantas revistas he ojeado y cuantas veces he mirado el reloj. Me levanté cuando por fin vi que solo faltaban diez minutos para que viniese, fui hacia el baño y empecé a retocarme el poco maquillaje que me había echado y a arreglarme el pelo y a que de todos mis movimientos por el nerviosismo estaban algo descolocados.
Mientras me cepilla el pelo comenzó a sonar el timbre, por fin había llegado el momento.
Salí corriendo hacia la puerta en la cual ya estaba mi madre hablando con él. Al acercarme me di cuenta de que junto a Álex también estaba Zaira con una sonrisa de oreja a oreja.
Ella se quedo mirándome fijamente, notó mi cara de confusión de tal modo que dijo con sarcasmo:
-¿No te pensarás que me iba a perder la primera eco de mi sobrino o sobrina no?
-No claro que no- contesté.
La abracé y le di un beso a Álex, él cuál nos condujo hacia su coche, me abrió la puerta, me senté y luego se metieron ellos dos.
En el trayecto a la clínica estuvimos hablando de cosas sin sentido lo que hizo el viaje más ameno.
En menos de veinte minutos ya estábamos allí, nos dirigimos a la recepción donde la secretaria nos mando a la sala de espera.
Al entrar me di cuenta de que las mujeres que habían se me quedaron mirando, todas ellas tenían ya una barriga prominente que te daba a entender que estaban casi a punto de dar a luz. Yo bajé la cabeza avergonzada, sabría que me pasaría esto en algún momento pero no creía que fuese tan pronto. Poco a poco las mujeres fueron entrando hasta que solo quedamos una chica de unos veintidós o veintitrés junto a su pareja y nosotros. La chica era morena y bajita, y su pareja era todo lo contrario a ella, rubio y alto, pero combinaban a la perfección.
Después de unos minutos me atreví a alzar la cabeza y preguntarle a aquella muchacha.
-Perdona, ¿de cuanto vas?
Al principio se quedó mirando hacía nosotros preguntándose quien había sido hasta que se dio cuenta de que fui yo.
-De unas treinta y dos semanas más o menos.-dijo ella feliz.
-Entonces ya te queda poco-dijo mi chico.
-Si, ya nos queda menos para que nuestro pequeño nazca-dijo esta vez la pareja de la muchacha- Por cierto yo me llamo Víctor y ella es Valeria- dijo aquel muchacho.
-Encantado, yo me llamo Álex, ella es mi novia Malena y mi hermana Zaira.
Comenzamos a hablar sobre cosas del embarazo, Valeria me contó por todos los síntomas que ella había pasado y la verdad es que me asusté un poquito.
La secretaria salió de la consulta y me llamó, así que nos despedimos de ellos y entramos.
Solo habían dos sillas así que Álex nos cedió los sitios a su hermana y a mi. La doctora empezó a hacerme preguntas rutinarias y cuando pensó que ya lo tenía todo me pasó una bata blanca para que me la pusiera. Fui hacía el baño me desvestí y me puse la bata.
Cuando salí vi que Álex y Zaira estaban colocados al lado la camilla. Me dirigí hacía allí y Álex me ayudó a colocarme de forma que estuviera a gusto.
La doctora se acercó a nosotros, se acomodó en una silla y subió la bata dejando mi vientre a la vista, puso un gel bastante frío y comenzó a mover el cacharrito para hacer las ecos por él. De repente en la pantalla se vio una pequeña manchita que según nos dijo la doctora ese era nuestro bebé, yo comencé a llorar y Zaira igual ya que escuchaba sus sollozos. Mientras miraba la imagen fijamente el sonido de un corazón comenzó a sonar por toda la habitación, era mi bebé, quité la vista de la pantalla y la posé en Álex, el me miró, susurró un gracias y me besó, y yo como no gracias a las hormonas comencé a llorar de nuevo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 11


El cumpleaños de mi suegra estuvo bastante bien, comimos, bailamos, reímos y disfrutamos mucho de esa celebración. A mi suegra le encantó la gargantilla que Álex le regaló, aunque al principio se quejó un poco sobre que no deberíamos haberle comprado nada. Yo le avisé de que mi regalo se lo daría la próxima semana y ella me dijo que no había falta que le regalase nada que con estar de pareja con su hijo y hacerlo feliz para ella eso era ya suficiente, cuando dijo aquello yo no pude contener las lágrimas, las hormonas del embarazo no me dejaban tranquila en ningún momento. Sus brazos me rodearon mientras una risa salía de sus labios y yo comencé a reír también.
-¿Cuanto durará esto? -dije de forma irónica.
-Pues si el tuyo es como el mío tienes para largo- dijo mi suegra mofándose.
Después de aquel arrebato de emociones que me dio fui a buscar a Álex a su habitación ya que no lo veía por ningún lado.
Al abrir la puerta me lo encontré sentado en su cama mirando una foto. Al acercarme pude ver que era de nosotros dos en uno de esos días en los que fuimos al parque.
-Hola amor, ¿qué haces que no estás abajo?
-Oh, hola- dijo el sorprendido- No te había escuchado llegar... solamente iba a recoger las llaves del coche y al cogerlas e tirado la foto sin querer, y cuando la e visto me e empezado a reír jajaja, ¿te acuerdas de ese día?
-Como para olvidarlo después de lo que pasó.
Flashback
Álex y o había decidido salir a dar una vuelta ya que la lluvia había cesado y el sol estaba saliendo. Nada más salir de mi casa estuve a punto de caer al suelo al pisar un charco que había en la acera, suerte que Álex estaba a mi lado y consiguió cogerme. Los dos empezamos a reír por mi torpeza y después fuimos hacía el parque.
Estando allí estuve a punto de caer dos o tres veces más, de las cuales Álex me agarró para no caer. Y justo cuando íbamos de vuelta a mi casa, Álex pisó un pequeño charco de barro con tal mala suerte que cayó de culo y se mancho todo el pantalón por detrás. Parecía que se había cagado encima. Yo empecé a reírme de él, era imposible no hacerlo. Cuando conseguí calmarme extendí mi mano para ayudarle a ponerse en pie. Vi una sonrisa traviesa asomar en la cara de Álex pero lo dejé pasar. Cuando le di mi mano Álex la empujo hacía él haciéndome caer encima suya. Mientras lo miraba incrédula, él me tiró una bola de barro a la cara. No me lo podía creer. Me levanté rápidamente de encima suya, cogí un poco de barro y se lo tiré con la intención de darle en la cara pero acabó cayendo en su camisa. Así fue como surgió la pequeña pelea de barro entre los dos. En mitad de la pelea dije que me rendía, me acerqué a él y lo besé y el me correspondió tal y como pensaba que haría. Él no sabía que yo tenía una bola de barro en mi cara, y justo cuando nos separamos se la estampé en toda la cara y empecé a carcajearme. Álex comenzó a reír también, se acercó a mi y me besó. Nos cogimos de las manos y fuimos hacía mi casa. Al llegar mi madre me echó una bronca por llegar embarrada a casa pero después comenzó a reír. No nos dejó entrar a la casa, nos hizo ir al jardín trasero y lavarnos con la manguera. Y mientras estábamos en la labor de quitarnos el barro mi madre estuvo haciéndonos fotos sin parar.
Fin Flashback
Al recordar ese día una sonrisa se instaló en mi cara, Álex me miró y me besó con una intensidad que antes no había utilizado.
Se separó de mi y posó su frente contra la mía.
-Te quiero, no lo olvides.
-Nunca lo olvidaré-le dije con todo mi corazón.

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 10


Al día siguiente me desperté sin saber donde estaba. Nada más abrir los ojos todo empezó a darme vueltas y me aferré a la cama con todas mis fuerzas. Esto es empezar el día con buen pie. Antes de que pudiera poner un pie en el suelo mi madre estaba entrando por la puerta y dirigiéndose hacia mí.
-¿Estas bien hija?
Yo negué con la cabeza porque todavía estaba un poco mareada.
Mi madre me sujetó por el brazo para que no me cayese. Cuando se me pasó me levanté y fui lo más rápido que puse al baño. Esto ya se estaba convirtiendo en un habito de todas las mañanas. Cuando terminé mi madre estaba de rodillas a mi lado sosteniéndome un vaso de agua. Se lo agradecí con una simple sonrisa que ella me devolvió. Me levanté y me lavé la cara y la boca.
-¿Desde cuando llevas así?- preguntó mi madre con incertidumbre.
-Desde hace tres semanas más o menos- dije sin mirarle a la cara.
-¿Has pedido cita con el obstetra?
-No, me daba vergüenza- dije sonrojándome.
-Lo suponía- dijo mi madre riéndose por lo bajo- Por eso te pedí cita yo para el martes que viene.
-Gracias.
Las dos fuimos hacia la cocina donde mi madre tenía preparado ya nuestro desayuno. Había preparado leche y varios trozos de manzana. Yo levanté mi cabeza del desayuno y le sonreí a mi madre. Rápidamente empecé a comer todo lo que había encima, bueno lo que se dice comer no comí, devoré.
-Hija, ¿vas a hacer algo hoy?
-Mmm, me parece que Álex quería que fuéramos a algún sitio, pero no me acuerdo donde exactamente. ¿Por qué?
-Para decirte que esta tarde tengo que trabajar y que te quedarás sola.
-Vale, no te preocupes.
Terminamos de desayunar mientras hablábamos de cosas sin sentido.
Subí a mi habitación, la arreglé y me vestí. Una vez hecho todo mi móvil empezó a sonar, era Álex. Estuvimos hablando durante un corto tiempo, ya que él solo había llamado para decirme que en 10 minutos venía a por mi para ir a comprar el regalo para su madre ya que pasado mañana era su cumpleaños. Yo ya había pensado lo que regalarle a ella pero no se lo había dicho a él porque quería que fuera una sorpresa para los dos. Álex por su lado creo que le iba a comprar una gargantilla o algo así.
Justo como él me había dicho, estuvo allí a los diez minutos. Le di un beso y fuimos hacía su coche.
El camino al centro comercial fue en un silencio cómodo. De vez en cuando mi vista se dirigía hacía él. Estaba guapísimo como siempre.
Llegamos al centro comercial y mientras él fue a la joyería a comprarle el regalo a su madre yo fui hacía la tienda de al lado para buscar un portafotos. Yo le regalaría una de las ecografías enmarcadas, aunque se lo tendría que dar más tarde ya que mi primera cita era el martes que viene.
Mientras paseaba por la tienda vi varios que me gustaban pero no sabía cual escoger, hasta que lo vi, era del tamaño perfecto, de color morado y con unos dibujitos de chupetes, era monísimo. Sin pensarlo dos veces lo cogí y fui hacía el mostrador para comprarlo.
Una vez comprado me fui de vuelta hacía la joyería, allí estaba Álex con cara de indecisión mirando dos gargantillas.
Me acerqué a él, y le rodeé la cintura con mis dos brazos.
-¿Indeciso?
-Bastante-dijo él con el ceño fruncido.
Yo no pude aguantar la risa al ver su cara. Él empezó a reír también.
Se decantó por la gargantilla que llevaba en la mano derecha, se la dio a la dependienta y me abrazó y besó.
-Eres peor que una chica decidiéndose por dos conjuntos de ropa.
Él empezó a reír al escuchar la salida que había tenido.

martes, 24 de julio de 2012

Capítulo 9


Me giré hacia mi novia que se había quedado pálida al escuchar la pregunta de su madre. Se que ella tiene miedo a lo que le vaya a decir su padre, y no lo niego yo también lo tengo.
Le di un apretón a la mano de mi madre y se la solté para poder abrazar a mi chica. Ella se aferró con fuerza a mi camisa evitando contestar a la pregunta de su madre. Empecé a pasar mi mano suavemente por su espalda en un intento de hacer que se calmara pero no sirvió de mucho. Cada vez se ponía más nerviosa por la mirada de su madre puesta en ella.
-Amor, por favor, tranquilizate, no puedes estar tan nerviosa. Eso no le hace ningún bien al bebé. Hazlo por el pequeño y por mi.
Ella me miró he hizo un leve asentimiento de cabeza dándome a entender que lo intentaría. Le di un pequeño beso en la frente y la abracé más fuerte.
No te como suspiro y alzó su cabeza.
-No lo se- dijo respondiendo a la pregunta de su madre.- No se como contárselo a papá. Porque se que no va a reaccionar como reaccionaste tú. Me da miedo lo que diga.
Vi que intentaba retener las lágrimas pero una lágrima traicionera se le escapó.
Vi como su madre se acercaba a ella para abrazarla así que me separé un poco de ella para que pudiera hacerlo.
En cuanto notó el abrazo de su madre se puso a llorar más fuerte.
Tenía unas ganas enormes de quitar los brazos de su madre de ella y sustituirlos con los míos. No podía verla llorar necesitaba tenerla entre mis brazos.
Al parecer mi madre vio mi cara de preocupación y me pasó uno de sus brazos por mis hombros y me acercó a ella.
-Hijo, ella necesita ahora más que nunca estar así con su madre. Déjala que se desahogue tranquila- me dijo mi madre al oído.
Yo asentí pero no podía evitar mirar hacia el lado donde se encontraban mi novia y su madre.
Ya habían pasado cinco minutos y Malena no paraba de llorar. Me levanté y fui hacia la cocina para hacerle una tila. Una vez la tuve hecha salí fuera, puse una mano en su hombro. Entonces me miró, intentó sonreírme para darme las gracias pero solo le salió una mueca. Yo le sonreí como se que le gusta y le tendí el vaso. Poco a poco se lo fue tomando y acabó tranquilizándose.
-¿Estás mejor?- le pregunté preocupado.
-Si- dijo en voz baja.
-Cariño, ¿por qué no subes a tu cuarto y descansas?- le dijo su madre acariciando su mejilla.- Y por tu padre no te preocupes que ya veré yo como se lo digo.
-Gracias mamá- dijo mi novia mientras se intentaba levantar.
Noté que no podía hacer mucho esfuerzos así que me levanté y la cogí en brazos. Ella se sobresaltó porque no se esperaba que lo hiciera. Yo solamente la miré a los ojos y empecé a subirla hacia su habitación. La puse en su silla mientras yo iba a abrir su cama para poder acostarla.
-Amor, ¿te vas a poner pijama?
Ella asintió y fue arrastrando sus pies hasta su armario. Tomó su pijama y se metió en su aseo.
Fui a esperarla en la puerta para que después no tuviera que hacer mucho esfuerzo.
Cuando abrió la puerta puse mi mano alrededor de su cintura y la ayudé a moverse hacia su cama.
Una vez estuvo acostada la arropé.
-Descansa y no te preocupes por nada- le dije dándole un beso en la frente.
Antes de que pudiera moverme, ella me cogió del cuello de la camisa y me acercó hacia ella para poder besarme en los labios. Viendo su intención, me acerqué a sus labios y la besé con todo el amor que sentía por ella.
-Te quiero- dijo ella mirándome a los ojos.
-Y yo a ti.
Le volví a dar un beso en la frente y un piquito en sus labios y salí hacia el comedor donde estaban mi madre y la de Malena.

jueves, 19 de julio de 2012

Capítulo 8


Ya hacía dos semanas del accidente de Álex y de la charla con mi madre. Todos los días iba a visitarlo a su casa. Me encantó la cara que puso al descubrir el regalo. ¡Se puso a llorar! ¡Qué mono! Yo en cuanto lo vi llorando me uní a él. Pero la cara que puso su hermana al entrar y vernos a los dos era un poema. Al verla empecé a reírme y no me pude controlar hasta que ella misma me tapo la boca con sus manos. Ese mismo día le conté a Álex lo que pasó con mi madre y él me dijo que la semana que viene, es decir, esta podría salir ya de su casa pero teniendo cuidado. Entonces quedamos en contárselo a mi madre esta semana.
Y aquel día tan esperado llegó, hoy tenía que contarle a mi madre que estaba embarazada y no sabía como. Estuve ensayando varias formas de decírselo pero ninguna me parecía la correcta.
Estaba esperando a que llegara Álex, estaba impaciente no lo siguiente. No sabía como se lo tomaría mi madre y eso es lo que más miedo me daba. Lo único que sabía concienzudamente era que Álex nunca me dejaría y que estaría a mi lado.
Pegué un salto de la cama al escuchar el sonido del timbre y caí al suelo. Intenté llegar antes que mi madre a la puerta pero no pude, me quedé a mitad de escalera cuando ella abrió la puerta. Allí se encontraba Álex pero cuando entró me quedé parada al ver que su madre venía con él. Me quedé tan parada que no sabía lo que hacer. ¿No era que íbamos a hablar nada más que con mi madre? ¿Por qué tuvo que traerla? Ahora mis nervios crecieron más aún.
Vi como Álex giraba su cabeza hacia las escaleras. En cuanto me divisó fue hacia mi y me tomó de la mano. Todavía no me podía mover, notaba como el tiraba de mi mano para hacerme bajar pero mis piernas no se movían.
-Amor, ¿qué te pasa?
-Esto... ¿qué hace aquí tu madre?
-Pensé que ella también tenía derecho a saberlo. Lo siento por no haberte avisado.- me dijo acariciando mi mejilla en un intento de calmarme.
-Vale, no pasa nada. Es que me a tomado de sorpresa el que ella estuviera aquí.
Cuando Álex volvió a tirar de mi reaccioné y fui tras él hasta llegar al comedor.
Allí estaban nuestras madres hablando tranquilamente sin saber lo que les iba a venir encima.
Empecé a temblar de los nervios y él me apretó la mano para hacerme saber que él estaba conmigo. Nos fuimos hacia el sofá que estaba desocupado ya que nuestras madres estaban en los sillones individuales.
Al sentarnos vi que nuestras madres nos miraron, pero más aún a nuestras manos aún unidas.
-Mamá, Lidia, tenemos algo que deciros- dije yo con voz estrangulada.
-¿Qué te pasa hija?¿Por qué estás tan nerviosa?
-Es que lo que tenemos que deciros es muy difícil para los dos- habló ahora Álex.
-Chicos, ¿qué pasa?
-Es que... nosotros.. bueno yo... esto...- dije sin saber que hacer. Tomé un largo suspiro y solté de repente.- Estoy embarazada.
Lo dije tan rápido que al principio ninguna de las dos se dio cuenta de lo que había dicho. Pasado un tiempo, miré a mi madre y vi que empezaba a comprender lo que había dicho. Me miraba con cara de desconcierto. Yo cada vez estaba más abrazada a Álex al igual que él a mi. Los dos mirábamos a nuestras madres y después a nosotros. No sabíamos que hacer, nadie hablaba y yo estaba que me tiraba de los pelos.
-¿De verdad?- fue la única pregunta que salió de la boca de mi madre.
Los dos asentimos a la vez y volvimos a abrazarnos fuertemente.
-¿De cuanto?- preguntó la suya.
-De dos meses o así.- dije apenas en un susurro.
Se volvió a formar un silencio enorme entre todos. Notaba la mano de Álex bajar y subir por mi espalda intentando calmarme, se lo hubiese agradecido de no ser porque estaba todo el rato mirando a mi madre que tenía la vista fija en mi vientre.
-¿Qué van a hacer?- dijeron las dos a la vez como si estuvieran compinchadas.
-Tenerlo- dijimos Álex y yo.
-Se que somos jóvenes y que nos va a costar, pero también sabéis que los dos somos lo bastante maduros para afrontar esto. Yo me pondré a trabajar por las tardes para conseguir un dinero extra. Tanto con vuestra ayuda como sin ella vamos a tener a nuestro bebé- dijo él a la vez que ponía su mano en mi vientre.- Yo quiero a su hija y a esté pequeñín que todavía no a nacido. No me voy a separar de ellos aunque me lo prohibáis. Ahora ella y el bebé son mi familia y no me separaré. Solo me iré cuando ella me diga que ya no me quiere ni que quiere estar conmigo. Espero que nos apoyéis, pero si no es así, nos da igual. Vamos a tener a nuestro bebé tanto si queréis como no. Porque no solamente los quiero si no que los amo y los protegeré con mi vida si es necesario.
No pude evitar llorar a las palabras de Álex. Me encantó como nos defendió delante de nuestras madres que se encontraban contrariadas. Seguramente nunca habían visto a Álex tan convencido al decir algo. Estaba totalmente serio mirando a las dos mujeres frente a nosotros mientras que una mano reposaba en mi vientre y la otra se aferraba a mi cintura.
Vi a mi madre levantarse y dirigirse hacia nosotros. Al estar a nuestra altura nos abrazó. Yo me quedé en “shock” no esperaba que mi madre hiciera eso. Pensé que nos gritaría o que nos echaría fuera, pero nunca esperaba un abrazo de su parte.
-Solamente te voy a pedir una cosa muchacho, que la cuides y la ames con todo tu ser.- le dijo mi madre a Álex seriamente.
-Ya lo hago- fue la simple respuesta de él.
Mi madre me beso la mejilla y me volvió a abrazar como solo una madre sabe.
No me di cuenta en el momento en el que la madre de Álex se acercó a nosotros hasta que sentí como las manos de mi novio se separaban de mi para abrazar a la suya que estaba llorando.
-Mamá, ¿por qué lloras?-Le preguntó en susurros.
-Porque mi pequeño va a tener a su propio pequeño. Te me has echo mayor demasiado pronto.
Él empezó a reírse mientras envolvía a su madre de nuevo en un abrazo. Su risa era tan contagiosa que todas acabamos riéndonos.
Vi que mamá se quedaba mirando a la nada sumida en sus pensamientos.
-Mamá, ¿ocurre algo?
-Mmm... ¿cómo se lo dirás a tu padre?

martes, 17 de julio de 2012

Capítulo 7


La cita con Álex había sido la mejor. De camino a casa estuvimos hablando de que tendría que pedir una cita con mi ginecólogo para ver como iba todo. Pensé en contárselo a mi madre para que ella la pidiera, porque a mi me daba mucha vergüenza.
Ya era sábado, mis primas estaban por venir. Las nauseas seguían y ahora empezaban también los mareos. Conseguí disimularlos delante de mis padres. Pero veía como mi madre me miraba de una forma rara cada vez que salía del baño después de mis nauseas mañaneras. Seguro que me ha oído pero no quiere decirme nada. Tengo que hablar con ella, pero hoy no. Estarán mis primas y se que mi madre gritará, la conozco demasiado para saber que lo hará. A parte quiero que Álex esté conmigo, necesito su apoyo.
Me levanté y fui hacia mi armario. Me cogí unos pantalones cortos y una camisa de tirantes ancha, ya se me empezaba a notar un poquito la barriga, no mucho pero si las personas que me conocieran se fijasen se darían cuenta de que había engordado.
Mientras cogía la ropa miré el regalo que me hizo Álex, estaba escondido en una de las lejas de mi armario. Me encantaba verlo todas las mañanas.
Mientras me vestía escuche que me llamaban al móvil y por la música supe quien era, mi amiga Zaira. Terminé de vestirme rápidamente y fui hacia mi móvil. Lo cogí antes de que terminara de sonar.
-Male ¿cómo estas?
-Bien. ¿A pasado algo?
-Si...
-¿Qué?
-Mi hermano a...
-¡Zaira dime de una vez! ¿Qué le a pasado a tu hermano?
-A tenido un accidente con el coche.
¿Cómo? No puede ser, pero si hace unos días estaba bien. Tenía que ir a verlo inmediatamente.
-Zaira ¿dónde estás?
-En mi casa, voy ahora mismo hacia el hospital.
-Por favor esperame que me voy contigo.
-Ok amiga. Te espero. Te quiero.
Colgué lo más rápido que pude y me puse las deportivas. Bajé corriendo hacia el salón y le dije a mi madre que me iba un momento y que luego venía. No le di tiempo a que replicara nada porque salí corriendo hacia la casa de enfrente.
Zaira me estaba esperando en la puerta de su casa. Nos subimos al coche de sus padres que nos estaban esperando. Iba de los nervios, espero que no le haya pasado nada si no me muero, él tendría que estar para mi bebé y para mí, pero sobre todo para nuestro pequeñín.
Zaira me veía con cara de preocupación tanto por su hermano como por mí. Con cuidado se acercó a mi y me susurró al oído para que sus padres no se enteraran que me relajase un poco por el bebé, yo le dije que lo intentaría pero que no le daba nada por seguro.
Llegamos en tiempo récord al hospital. Salimos disparados del coche hacia la recepción. Sus padres preguntaron por él nada más llegar y lo que les dijeron me dejó congelada. Lo estaban operando.
Dejé de escuchar lo que decía aquella mujer después de decir que lo estaban operando, empecé a pensar lo peor. Cada vez estaba más nerviosa, no sabía donde ponerme, empecé a moverme de un lado al otro en la recepción. Solo paré cuando Zaira me cogió de los hombros y me hizo que parase. Entonces la miré a los ojos y empecé a llorar de impotencia. ¿Por qué le tenía que pasar a él?
-Male tranquilízate, por favor.
-¿Cómo quieres qué me tranquilice? ¡Lo están operando!- dije exaltada.
-¿No has escuchado nada verdad?
-No mucho...- dije mirándola avergonzada.
-Lo están operando, sí, pero no es nada grave, es porque se ha roto la clavícula, pero ya está, tranquilizate por favor.
-¿En serio? ¿No me mientes? ¿Es solo eso?
-Sí, es solo eso, no te estoy mintiendo. Así que por favor siéntate y relajate- dijo abrazándome por los hombros- Por tú bien y el del bebé- me dijo al oído.
Nos sentamos a esperar a que alguien saliera y nos diera noticias. Mientras esperábamos le mandé un mensaje a mi madre diciéndole que me retrasaría y que no iría a comer. A la hora de estar allí esperando salió un médico preguntando por la familia de Álex, los cuatro nos levantamos y nos dijo que podíamos subir a verle que ya lo habían subido a una habitación. Volví a ponerme nerviosa y no se porque.
Sus padres entraron primero, al rato ellos salieron diciendo que iban a comer y entonces entramos nosotras dos.
Abrimos la puerta impacientemente y entramos corriendo en la habitación. Primero dejé que su hermana lo saludara con un abrazo. Parece que Álex no me vio entrar porque cuando me acerqué a él se sorprendió. Le sonreí y me acerqué para darle un beso. No pude reprimir las lágrimas pero esta vez eran de alivio. De saber que él estaba bien. De que no le había pasado nada. Con la mano que no llevaba vendada me quitó las lágrimas y me acercó más a él hasta que pudo abrazarme.
-¿Estás bien?- le pregunte aún abrazados.
-Ahora que estás aquí estoy mejor.
-¿Cómo sucedió?- preguntó su hermana sentándose en la cama.
Yo me enderecé y me senté también esperando su explicación.
Se quedó pensativo, como si estuviera intentando recordar que pasó.
-Lo único que recuerdo es que iba de camino a casa y que enfrente venía un coche haciendo eses por toda la longitud de la calle. Intenté esquivarle pero no pude y chocamos. La verdad es que no se como estará aquel hombre, espero que bien. Me siento culpable de haber chocado con él.
-Amor tu no tienes la culpa de nada. La culpa la tiene ese hombre que iba borracho no tú. Fue él el que chocó contra ti, no tú contra él.
Su hermana asintió a lo que le dije y el nos miró a las dos y nos dio un gracias.
Ya eran pasadas las tres y debía ir a mi casa por lo menos para saludar a mis primas. Me despedí de mis dos hermanos favoritos y justo cuando iba a salir entraron sus padres, me despedí de ellos y fui a la parada de autobús. Cogí el primero que vi y fui hacia mi casa.
Al llegar me encontré a todos en la puerta, parece ser que se iban a algún lado. Llegué justo a tiempo. Fui corriendo de la parada del bus a casa. Salude a mis primas y me fui en el coche con mis padres. Íbamos a ir al cine y a comprar unas ropitas de bebé para el pequeño Lucas que se había manchado y no habían traído mudas limpias. Me alegré de que fuéramos a una tienda de bebés porque podría mirar ropa sin ser descubierta.
Nada más llegar los hombres se fueron a la taquilla del cine para comprar las entradas y nosotras fuimos hacia la tienda. Me encantó toda la ropa que veía sobre todo los trajes y vestidos que habían eran hermosos.
En el cine mientras que todos veían la película yo empecé a divagar por mis pensamientos. Empecé a imaginar a mi bebé vistiendo las ropas que había visto y a Álex haciéndole carantoñas al pequeñín.
-Hija vamos levanta, la peli ya a terminado, es hora de irse.
Cuando conseguí salir de mis pensamientos, me levanté y me arreglé la ropa.
Mis padres se fueron a la cafetería de enfrente y yo me encaminé hacia la tienda que habíamos estado antes. Ahora que Álex estaba en cama no podríamos hacer casi nada, por eso decidí comprar un conjunto unisex para regalárselo a él como hizo conmigo. Mientras pagaba vi a Laura, mi gran enemiga, mirando el escaparate de la tienda y parece ser que me vio porque no apartaba la mirada de mi. Le dije a la encargada que envolviera la ropita. Pagué lo más rápido posible y salí disparada de la tienda pensando que así no me cogería. Pero me equivoqué, fue salir de la tienda y me agarró del brazo.
-¿Qué quieres?- le pregunté cortante.
-¿Qué le hiciste a Álex? Se que está en el hospital.
-Yo no le hice nada para tu información.
Dicho esto me deshice de su agarre y salí corriendo hacia los aseos, tenía unas ganas tremendas de llorar y no me apetecía que me vieran.
Cuando conseguí calmarme salí y me miré al espejo. Iba horrorosa, tenía los ojos rojos y el labio hinchado por haber estado mordiéndolo. Me eché agua en la cara y me la sequé. Decidí darme un paseo para conseguir relajarme del todo y que cuando llegase con ellos no se me notara.
Llegué junto a mis padres. Mi padre pareció no notar lo que me pasaba pero mi madre sí, porque me miró de una forma rara pero no quiso decir nada.
Llegamos a casa y yo subí a mi cuarto a guardar el regalo.
Justo cuando cerré la puerta de mi armario escuché que tocaban a mi puerta.
-Soy yo hija. ¿Puedo pasar?
-Si, mamá.
Mi madre entró y cerró la puerta, se fue hacia mi cama, se sentó en ella y me hizo un movimiento dándome a entender que me acercara. Le hice caso y me senté junto a ella.
-Hija, ¿qué pasa? Y no me digas que nada porque no te creeré.
Mierda, sabía que tenía que decírselo pero no tan pronto. Quería que en este instante Álex estuviera a mi lado y no tener que afrontarlo sola. No sabía ni como empezar a contárselo. Que le decía “mamá estoy embarazada” o “mamá vas a ser abuelita.”
-Hija,¿tan grave es que no me lo quieres contar?
-No es eso... es que necesito que...
-¿Qué necesitas?
-Tiempo mamá, no mucho solo un poco, solo te pido eso.
-Vale pequeña. Cuando quieras me cuentas. Sabes que puedes confiar en mí.
-Lo se mamá- le dije dándole un abrazo.

martes, 19 de junio de 2012

Capítulo 6


Después de cenar y recoger mis cosas, subí a mi cuarto a coger mi bolso y demás cosas. Solo quedaban cinco minutos para las diez por lo que decidí bajar y sentarme en el sofá a esperar. Justo cuando iba a sentarme escuche el timbre, chillé que iba yo a abrir y vi al ser más hermoso que pudo haber en el mundo nada más abrirla. Le dije a mis padres mediante chillidos que me iba.
Ya fuera vi que Álex tenía su coche y vaya cochazo, ya lo había visto varias veces en él, pero verlo de cerca era más impresionante, era un deportivo descapotable de un color grisáceo.
Me tendió su mano y la agarré sin ninguna duda. Caminamos hacia su coche y me abrió la puerta, ¡que caballero!
Puso música y arrancó el coche.
-¿Dónde vamos?- pregunté, la duda me estaba matando.
-Sorpresa- dijo el con una sonrisa pilla.
-¿No me vas a dar ninguna pista?
-Solo te voy a decir que ya queda poco para llegar.
Empecé a mirar de un lado para otro y lo único que veía eran árboles y más árboles. Avanzamos un poco más y me di cuenta que frente a nosotros había como una especie de parque. Digo especie porque solo tenia dos columpios y una mesa de pic-nic decorada con un mantel rojo clarito, unas velas y unas copas de helado.
No se porque pero unas lágrimas traicioneras escaparon de mis ojos. Álex paró el coche y se giró hacia mí. Escuché una risa leve venir de él mientras que me limpiaba las lágrimas con sus manos.
-¿Por qué lloras amor?
-No lo se.- dije y comencé a reír.
-¿Y ahora por que te ríes?
-Tampoco lo se.
-Las hormonas hacen estragos en ti.- dijo acariciando mi mejilla.
El salió del coche y antes de que pudiera abrir la puerta ya estaba él con la puerta abierta y tendiéndome su mano. Nos llevó hasta la mesa y empezamos ha hablar de cosas sin sentido mientras nos comíamos el postre. Una vez hubimos terminado, Álex sacó una manta del coche y la puso en el suelo. Me llamó y me senté, él se puso detrás mía y me abrazó poniendo una de sus manos en mi vientre. Yo puse la mía encima de la suya y sonreí como una tonta. Me entró frío así que Álex puso una manta sobre nosotros. Nos quedamos mirando las estrellas, hasta que note como Álex se movía buscando algo. Puso delante mía una cajita envuelta en un papel con pequeños ositos.
-¿Para mí?- pregunté embobada.
Él solamente asintió y yo con manos temblorosas abrí el pequeño regalo que consistía en unos patucos de color neutro y un chupete. Me puse a llorar mientras me reía como una loca. ¡Odio las hormonas enserio!
Me di la vuelta como pude y lo besé expresándole en ese beso todos mis sentimientos.
-Gracias- dije en un pequeño susurro.
Él solo se acercó a mi y me volvió a besar. Se levantó y se puso delante mía, lo que nunca imaginé que fuera ha hacer lo hizo. Se puso de rodillas y beso mi vientre aun plano.
-Hola bebé. Soy tu papi. Espero que no le estés dando muchos problemas a mami. Te quiero mucho pequeñín.
Mientras que él le hablaba a mi barriga, yo lo miraba con ojos llenos de lágrimas y le tocaba el pelo.
Se levantó y con él me llevó a mi. Me limpió las lágrimas otra vez y me miró a los ojos mientras se acercaba poco a poco a mí. Nuestro labios se unieron de nuevo en un beso lleno de amor.
-Te quiero- me dijo mirándolo a los ojos.
-No tanto como yo a ti.- le dije acariciando mi mejilla.