La cita con Álex había sido la mejor. De camino a casa
estuvimos hablando de que tendría que pedir una cita con mi
ginecólogo para ver como iba todo. Pensé en contárselo a mi madre
para que ella la pidiera, porque a mi me daba mucha vergüenza.
Ya era sábado, mis primas estaban por venir. Las
nauseas seguían y ahora empezaban también los mareos. Conseguí
disimularlos delante de mis padres. Pero veía como mi madre me
miraba de una forma rara cada vez que salía del baño después de
mis nauseas mañaneras. Seguro que me ha oído pero no quiere decirme
nada. Tengo que hablar con ella, pero hoy no. Estarán mis primas y
se que mi madre gritará, la conozco demasiado para saber que lo
hará. A parte quiero que Álex esté conmigo, necesito su apoyo.
Me levanté y fui hacia mi armario. Me cogí unos
pantalones cortos y una camisa de tirantes ancha, ya se me empezaba a
notar un poquito la barriga, no mucho pero si las personas que me
conocieran se fijasen se darían cuenta de que había engordado.
Mientras cogía la ropa miré el regalo que me hizo
Álex, estaba escondido en una de las lejas de mi armario. Me
encantaba verlo todas las mañanas.
Mientras me vestía escuche que me llamaban al móvil y
por la música supe quien era, mi amiga Zaira. Terminé de vestirme
rápidamente y fui hacia mi móvil. Lo cogí antes de que terminara
de sonar.
-Male ¿cómo estas?
-Bien. ¿A pasado algo?
-Si...
-¿Qué?
-Mi hermano a...
-¡Zaira dime de una vez! ¿Qué le a pasado a tu
hermano?
-A tenido un accidente con el coche.
¿Cómo? No puede ser, pero si hace unos días estaba
bien. Tenía que ir a verlo inmediatamente.
-Zaira ¿dónde estás?
-En mi casa, voy ahora mismo hacia el hospital.
-Por favor esperame que me voy contigo.
-Ok amiga. Te espero. Te quiero.
Colgué lo más rápido que pude y me puse las
deportivas. Bajé corriendo hacia el salón y le dije a mi madre que
me iba un momento y que luego venía. No le di tiempo a que replicara
nada porque salí corriendo hacia la casa de enfrente.
Zaira me estaba esperando en la puerta de su casa. Nos
subimos al coche de sus padres que nos estaban esperando. Iba de los
nervios, espero que no le haya pasado nada si no me muero, él
tendría que estar para mi bebé y para mí, pero sobre todo para
nuestro pequeñín.
Zaira me veía con cara de preocupación tanto por su
hermano como por mí. Con cuidado se acercó a mi y me susurró al
oído para que sus padres no se enteraran que me relajase un poco por
el bebé, yo le dije que lo intentaría pero que no le daba nada por
seguro.
Llegamos en tiempo récord al hospital. Salimos
disparados del coche hacia la recepción. Sus padres preguntaron por
él nada más llegar y lo que les dijeron me dejó congelada. Lo
estaban operando.
Dejé de escuchar lo que decía aquella mujer después
de decir que lo estaban operando, empecé a pensar lo peor. Cada vez
estaba más nerviosa, no sabía donde ponerme, empecé a moverme de
un lado al otro en la recepción. Solo paré cuando Zaira me cogió
de los hombros y me hizo que parase. Entonces la miré a los ojos y
empecé a llorar de impotencia. ¿Por qué le tenía que pasar a él?
-Male tranquilízate, por favor.
-¿Cómo quieres qué me tranquilice? ¡Lo están
operando!- dije exaltada.
-¿No has escuchado nada verdad?
-No mucho...- dije mirándola avergonzada.
-Lo están operando, sí, pero no es nada grave, es
porque se ha roto la clavícula, pero ya está, tranquilizate por
favor.
-¿En serio? ¿No me mientes? ¿Es solo eso?
-Sí, es solo eso, no te estoy mintiendo. Así que por
favor siéntate y relajate- dijo abrazándome por los hombros- Por tú
bien y el del bebé- me dijo al oído.
Nos sentamos a esperar a que alguien saliera y nos diera
noticias. Mientras esperábamos le mandé un mensaje a mi madre
diciéndole que me retrasaría y que no iría a comer. A la hora de
estar allí esperando salió un médico preguntando por la familia de
Álex, los cuatro nos levantamos y nos dijo que podíamos subir a
verle que ya lo habían subido a una habitación. Volví a ponerme
nerviosa y no se porque.
Sus padres entraron primero, al rato ellos salieron
diciendo que iban a comer y entonces entramos nosotras dos.
Abrimos la puerta impacientemente y entramos corriendo
en la habitación. Primero dejé que su hermana lo saludara con un
abrazo. Parece que Álex no me vio entrar porque cuando me acerqué a
él se sorprendió. Le sonreí y me acerqué para darle un beso. No
pude reprimir las lágrimas pero esta vez eran de alivio. De saber
que él estaba bien. De que no le había pasado nada. Con la mano que
no llevaba vendada me quitó las lágrimas y me acercó más a él
hasta que pudo abrazarme.
-¿Estás bien?- le pregunte aún abrazados.
-Ahora que estás aquí estoy mejor.
-¿Cómo sucedió?- preguntó su hermana sentándose en
la cama.
Yo me enderecé y me senté también esperando su
explicación.
Se quedó pensativo, como si estuviera intentando
recordar que pasó.
-Lo único que recuerdo es que iba de camino a casa y
que enfrente venía un coche haciendo eses por toda la longitud de la
calle. Intenté esquivarle pero no pude y chocamos. La verdad es que
no se como estará aquel hombre, espero que bien. Me siento culpable
de haber chocado con él.
-Amor tu no tienes la culpa de nada. La culpa la tiene
ese hombre que iba borracho no tú. Fue él el que chocó contra ti,
no tú contra él.
Su hermana asintió a lo que le dije y el nos miró a
las dos y nos dio un gracias.
Ya eran pasadas las tres y debía ir a mi casa por lo
menos para saludar a mis primas. Me despedí de mis dos hermanos
favoritos y justo cuando iba a salir entraron sus padres, me despedí
de ellos y fui a la parada de autobús. Cogí el primero que vi y fui
hacia mi casa.
Al llegar me encontré a todos en la puerta, parece ser
que se iban a algún lado. Llegué justo a tiempo. Fui corriendo de
la parada del bus a casa. Salude a mis primas y me fui en el coche
con mis padres. Íbamos a ir al cine y a comprar unas ropitas de bebé
para el pequeño Lucas que se había manchado y no habían traído
mudas limpias. Me alegré de que fuéramos a una tienda de bebés
porque podría mirar ropa sin ser descubierta.
Nada más llegar los hombres se fueron a la taquilla del
cine para comprar las entradas y nosotras fuimos hacia la tienda. Me
encantó toda la ropa que veía sobre todo los trajes y vestidos que
habían eran hermosos.
En el cine mientras que todos veían la película yo
empecé a divagar por mis pensamientos. Empecé a imaginar a mi bebé
vistiendo las ropas que había visto y a Álex haciéndole carantoñas
al pequeñín.
-Hija vamos levanta, la peli ya a terminado, es hora de
irse.
Cuando conseguí salir de mis pensamientos, me levanté
y me arreglé la ropa.
Mis padres se fueron a la cafetería de enfrente y yo me
encaminé hacia la tienda que habíamos estado antes. Ahora que Álex
estaba en cama no podríamos hacer casi nada, por eso decidí comprar
un conjunto unisex para regalárselo a él como hizo conmigo.
Mientras pagaba vi a Laura, mi gran enemiga, mirando el escaparate de
la tienda y parece ser que me vio porque no apartaba la mirada de mi.
Le dije a la encargada que envolviera la ropita. Pagué lo más
rápido posible y salí disparada de la tienda pensando que así no
me cogería. Pero me equivoqué, fue salir de la tienda y me agarró
del brazo.
-¿Qué quieres?- le pregunté cortante.
-¿Qué le hiciste a Álex? Se que está en el hospital.
-Yo no le hice nada para tu información.
Dicho esto me deshice de su agarre y salí corriendo
hacia los aseos, tenía unas ganas tremendas de llorar y no me
apetecía que me vieran.
Cuando conseguí calmarme salí y me miré al espejo.
Iba horrorosa, tenía los ojos rojos y el labio hinchado por haber
estado mordiéndolo. Me eché agua en la cara y me la sequé. Decidí
darme un paseo para conseguir relajarme del todo y que cuando llegase
con ellos no se me notara.
Llegué junto a mis padres. Mi padre pareció no notar
lo que me pasaba pero mi madre sí, porque me miró de una forma rara
pero no quiso decir nada.
Llegamos a casa y yo subí a mi cuarto a guardar el
regalo.
Justo cuando cerré la puerta de mi armario escuché que
tocaban a mi puerta.
-Soy yo hija. ¿Puedo pasar?
-Si, mamá.
Mi madre entró y cerró la puerta, se fue hacia mi
cama, se sentó en ella y me hizo un movimiento dándome a entender
que me acercara. Le hice caso y me senté junto a ella.
-Hija, ¿qué pasa? Y no me digas que nada porque no te
creeré.
Mierda, sabía que tenía que decírselo pero no tan
pronto. Quería que en este instante Álex estuviera a mi lado y no
tener que afrontarlo sola. No sabía ni como empezar a contárselo.
Que le decía “mamá estoy embarazada” o “mamá vas a
ser abuelita.”
-Hija,¿tan grave es que no me lo quieres contar?
-No es eso... es que necesito que...
-¿Qué necesitas?
-Tiempo mamá, no mucho solo un poco, solo te pido eso.
-Vale pequeña. Cuando quieras me cuentas. Sabes que
puedes confiar en mí.
-Lo se mamá- le dije dándole un abrazo.