Hola soy
Malena, vivo en un pueblecito de Barcelona al lado de la playa, tengo
16 años y medio. Estoy enamorada de un chico que es 2 años mayor
que yo, osea se de 2º de Bachiller.
Hace dos
meses hubo una fiesta en la que él y yo acabamos juntos en un
habitación y lo que viene a continuación ya se sabe.
Ahora me
encuentro de rodillas en el suelo a lado de la taza del váter
vomitando. Ojala mi madre no se entere de que estoy aquí porque si
no me muero. Al terminar estaba un poco mareada, pero pude
levantarme, tiré de la cadena y me lavé los dientes.
Me fui
para mi cuarto cogí el móvil y merqué el número de mi mejor amiga
Zaira, que también es la hermana del chico que me gusta. Al tercer
toque lo cogió.
-¡Hola
Malena! ¿A qué viene tu llamada?
-Hola.
¿Puedes venir a mi casa?
-Claro,
pero ¿qué te pasa?
-Cuando
vengas te lo explico.
Fue
terminar de decir yo la frase y ella colgó.
Me tumbe
en la cama y empecé a pensar en cómo me vería yo de madre y como
si de un impulso fuera mis manos se posaron en mi vientre dibujando
pequeños circulitos. Así pasé un rato hasta que escuché el timbre
de mi casa. Me levanté de un salto y fui hacia la puerta. Al abrirla
me encontré con mi amiga y su cara era de preocupación.
-¿Tia
que pasa?-preguntó en voz baja para que mi madre no se diera cuenta.
-Pasa y
te lo cuento.
Y como
si tuviera un imán pasó corriendo hacia mi cuarto y se sentó en mi
cama. Antes de meterme en el cuarto miré a ver si mi madre estaba
cotilleando, por suerte no estaba. Cerré la puerta y fui hacia la
cama, me senté y ella preguntó:
-¿Me
vas a decir lo que te pasa?
-Es que
es muy complicado de explicar.
-¿Pero
no me habías dicho que me lo contarías?
-Sí,
si… ¿Tú te acuerdas de lo que te conté que pasó entre tu
hermano y yo hace dos meses?
-Sí,
¿pero qué pasa?
-Bueno…
porque hace una semana que no paro de vomitar y tampoco me viene.
-Estas
insinuando que estás emba…-no dijo la palabra porque le tapé la
boca. Cuando consiguió quitarse mi mano de su cara puso cara de
asombro y me abrazo.
-¿Pero
de verdad?
-No lo
se, me da vergüenza comprar un test.
-Tienes
el dinero-yo asentí-dámelo y te lo compro.
-¿Harías
eso por mí?
-Claro
eres mi mejor amiga. Solo hay un problema…
-¿Cuál?
-¿Qué
le digo a tu madre?
-Tú
sabrás, eres tú la que suele mentir.-Y eso era verdad, ella ha sido
la que me ha ayudado a salir de más de un lío.
Le di un
abrazo, me fui al escritorio, cogí el dinero y se lo di.
Salió
de mi cuarto y yo me eché en mi cama y suspiré unas cuantas veces.
Volví a pensar en cómo me vería “embarazada”. Aún me cuesta
decir esa palabra y aparte a quien se le puede ocurrir quedarse
embarazada a los 16 años. Solamente a mí.
En el
instituto van a empezar a dar otra vez las charlas de todos los años,
pero a mí de que me sirve ya.
No sé
cuando llegó mi amiga, pero me la encontré en la puerta viéndome,
tenía una bolsa en la mano.
-Toma
aquí lo tienes.
-Gracias,
te debo una y bien grande.
Me fui
al aseo y seguí las instrucciones. Cuando lo hice fui hacia mi
cuarto y mi amiga me estaba esperando impaciente.
-¿Y?
-Y nada,
tienen que pasar 3 minutos-dije yo al borde del desmayo.
-Venga
tranquilízate- dijo frotando mi hombro.
-Lo
intentaré.
Empecé
a mirar el reloj, solo faltaba 1 minuto, me puse de los nervios, no
aguantaba más. Cuando quedaban segundos cerré los ojos y se lo di a
Zaira.
-¿Pero
qué haces?
-No me
atrevo a mirar.
-Pues
tienes que hacerlo, porque yo no te lo pienso decir.
-¿Han
salido ya las marcas?
-Sí.
Poco a
poco fui abriendo los ojos, la prueba estaba de al revés, mi amiga
le dio la vuelta y habían dos rayitas. Estaba embarazada.
No me lo
podía creer. ¿Cómo se lo diría a mis padres? ¿Y a Alex? ¿Se
notaría mucho que había engordado? ¿Qué dirán mis amigas?
-¿Malena
estés bien?
Solo
moví la cabeza de un lado a otro.
Me
volvió a abrazar y preguntó:
-¿Lo
vas a tener?
-Debo
tenerlo.
-¿Y
cómo se lo dirás a tus padres? ¿Y a mi hermano?
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