Al levantarme, noté que estaba apoyada en algo
realmente cómodo que no podía ser mi almohada. Poco a poco fui
alzando mi vista hasta que me encontré con la sonrisa y los ojos con
los que todas las noches soñaba.
-Buenos días dormilona- dijo Álex mientras me daba un
pequeño beso en la frente.
-Hola- dije a la vez que un bostezo se escapaba de mi
boca- ¿Te quedaste a dormir?-pregunté dudosa.
-Pues... la verdad es que tenía pensado irme en cuanto
te durmieras pero acabé durmiéndome yo también.
-¿Y ni mis padres ni los tuyos nos han levantado?
-Parece ser que no.- dijo el envolviendo sus brazos a mi
alrededor.
Nos quedamos en esa posición durante un rato hasta que
mi estomago comenzó a rugir de forma sonora haciendo que me pusiera
tan roja como un tomate.
-Parece ser que alguien tiene hambre- dijo Álex
mientras me ayudaba a levantarme, me dio un piquito y salimos los dos
tomados de la mano hacia la cocina.
Al llegar a la cocina vimos una nota escrita por mi
madre que nos decía que había tenido que irse a trabajar y que
llegaría sobre la hora de comer.
Me iba a poner a preparar el desayuno para los dos pero
él no me dejó, así que no tuve más remedio que permanecer sentada
en una de las banquetas y ver como preparaba nuestro desayuno, el
cuál tenía una pinta exquisita.
Fui yo la primera en terminar así que dejé las cosas
en el fregadero y fui hacía mi habitación para arreglarla y
vestirme. Mientras que estábamos desayunando Álex había decidido
ir a su casa para que pudiera cambiarse y de allí nos íbamos al
cine a ver una película.
Al rato de estar arreglando la habitación entró Álex
así que aproveché para poder vestirme. Me puse unos vaqueros
desgastados y una camisa azul juntó a mis inseparables converse.
Una vez todo estuvo listo nos fuimos hacía su casa.
Allí nos encontramos nada más que a la madre de Álex, que al verle
se tiró a sus brazos y comenzó a llorar. Cuando consiguió calmarse
nos sentamos ella y yo en uno de los sofás del salón mientras que
Álex subía a cambiarse.
Estábamos mi suegra y yo hablando tan tranquilamente
cuando vimos a Álex llegar hacía nosotras con una maleta en la mano
y una hoja de papel en otra.
-¿Cómo es posible que papá me haga esto?-dijo
mientras tiraba el papel hacía nosotras. Al leerlo me quedé
sorprendida nunca llegué a pensar que su padre podría ser así. En
el papel le había dado un ultimátum a Álex diciéndole que si
seguía saliendo conmigo y reconocía al bebé tendría que marcharse
de esa casa. Yo comencé a llorar, todo esto era por mi culpa. De
repente noté como Álex me abrazaba y me decía que no pasaba nada y
que todo esto se solucionaría. Mi suegra se había quedado
petrificada al leer aquello y cuando consiguió salir del estupor
alzó la cabeza, miró a su hijo y asintió y esté le sonrió y
abrazó fuertemente. Estaba totalmente perdida no sabía lo que había
pasado mientras estaba llorando.
-Amor, ¿tú crees que me podría mudar contigo'-dijo mi
chico mientras soltaba a su madre y se dirigía hacia mi.
Al principio me costó asimilar lo que había dicho pero
en cuanto lo entendí, di tal salto que me enganche en su cadera y lo
besé poniendo en aquel besó todo mi empeño y esfuerzo para que
sintiera todo lo que lo amo.
-¿En serio te vas a venir? Yo creo que por mi madre no
habría problema, pero lo mismo a mi padre va costar
convencerlo...-mi chico tuvo que callarme con un beso ya que había
comenzado a hablar y no podía parar.
Álex subió hacia su habitación para llenar aquella
maleta y mientras su madre y yo nos fuimos con él también para
ayudarle.
-Álex, hijo, me prometes que vendrás por lo menos un
día a la semana a verme?-dijo mi suegra mientras doblaba una de las
sudaderas de él e intentaba retener el llanto, cosa que no
consiguió.
Álex dejó lo que tenía en sus manos y se acercó a
ella y la abrazó.
-Mamá te prometo que vendré a verte todos los días no
solamente uno a la semana.
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