Seguidores

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capítulo 15


Al levantarme, noté que estaba apoyada en algo realmente cómodo que no podía ser mi almohada. Poco a poco fui alzando mi vista hasta que me encontré con la sonrisa y los ojos con los que todas las noches soñaba.
-Buenos días dormilona- dijo Álex mientras me daba un pequeño beso en la frente.
-Hola- dije a la vez que un bostezo se escapaba de mi boca- ¿Te quedaste a dormir?-pregunté dudosa.
-Pues... la verdad es que tenía pensado irme en cuanto te durmieras pero acabé durmiéndome yo también.
-¿Y ni mis padres ni los tuyos nos han levantado?
-Parece ser que no.- dijo el envolviendo sus brazos a mi alrededor.
Nos quedamos en esa posición durante un rato hasta que mi estomago comenzó a rugir de forma sonora haciendo que me pusiera tan roja como un tomate.
-Parece ser que alguien tiene hambre- dijo Álex mientras me ayudaba a levantarme, me dio un piquito y salimos los dos tomados de la mano hacia la cocina.
Al llegar a la cocina vimos una nota escrita por mi madre que nos decía que había tenido que irse a trabajar y que llegaría sobre la hora de comer.
Me iba a poner a preparar el desayuno para los dos pero él no me dejó, así que no tuve más remedio que permanecer sentada en una de las banquetas y ver como preparaba nuestro desayuno, el cuál tenía una pinta exquisita.
Fui yo la primera en terminar así que dejé las cosas en el fregadero y fui hacía mi habitación para arreglarla y vestirme. Mientras que estábamos desayunando Álex había decidido ir a su casa para que pudiera cambiarse y de allí nos íbamos al cine a ver una película.
Al rato de estar arreglando la habitación entró Álex así que aproveché para poder vestirme. Me puse unos vaqueros desgastados y una camisa azul juntó a mis inseparables converse.
Una vez todo estuvo listo nos fuimos hacía su casa. Allí nos encontramos nada más que a la madre de Álex, que al verle se tiró a sus brazos y comenzó a llorar. Cuando consiguió calmarse nos sentamos ella y yo en uno de los sofás del salón mientras que Álex subía a cambiarse.
Estábamos mi suegra y yo hablando tan tranquilamente cuando vimos a Álex llegar hacía nosotras con una maleta en la mano y una hoja de papel en otra.
-¿Cómo es posible que papá me haga esto?-dijo mientras tiraba el papel hacía nosotras. Al leerlo me quedé sorprendida nunca llegué a pensar que su padre podría ser así. En el papel le había dado un ultimátum a Álex diciéndole que si seguía saliendo conmigo y reconocía al bebé tendría que marcharse de esa casa. Yo comencé a llorar, todo esto era por mi culpa. De repente noté como Álex me abrazaba y me decía que no pasaba nada y que todo esto se solucionaría. Mi suegra se había quedado petrificada al leer aquello y cuando consiguió salir del estupor alzó la cabeza, miró a su hijo y asintió y esté le sonrió y abrazó fuertemente. Estaba totalmente perdida no sabía lo que había pasado mientras estaba llorando.
-Amor, ¿tú crees que me podría mudar contigo'-dijo mi chico mientras soltaba a su madre y se dirigía hacia mi.
Al principio me costó asimilar lo que había dicho pero en cuanto lo entendí, di tal salto que me enganche en su cadera y lo besé poniendo en aquel besó todo mi empeño y esfuerzo para que sintiera todo lo que lo amo.
-¿En serio te vas a venir? Yo creo que por mi madre no habría problema, pero lo mismo a mi padre va costar convencerlo...-mi chico tuvo que callarme con un beso ya que había comenzado a hablar y no podía parar.
Álex subió hacia su habitación para llenar aquella maleta y mientras su madre y yo nos fuimos con él también para ayudarle.
-Álex, hijo, me prometes que vendrás por lo menos un día a la semana a verme?-dijo mi suegra mientras doblaba una de las sudaderas de él e intentaba retener el llanto, cosa que no consiguió.
Álex dejó lo que tenía en sus manos y se acercó a ella y la abrazó.
-Mamá te prometo que vendré a verte todos los días no solamente uno a la semana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario