La semana pasó rápido y por fin ya era martes, esta
eufórica, por primera vez vería a mi bebé y según me dijo mi
madre escucharía por primera vez su corazoncito. Álex vendría a
por mi dentro de media hora, que por cierto la espera se me está
haciendo eterna, necesito que venga ya, esto es insufrible. Mi madre
cada vez que se asoma al salón comenzaba a reír al verme, no podía
estarme quieta, no se cuantas vueltas le e dado ya a los canales de
la tele, cuantas revistas he ojeado y cuantas veces he mirado el reloj.
Me levanté cuando por fin vi que solo faltaban diez minutos para que
viniese, fui hacia el baño y empecé a retocarme el poco maquillaje
que me había echado y a arreglarme el pelo y a que de todos mis
movimientos por el nerviosismo estaban algo descolocados.
Mientras me cepilla el pelo comenzó a sonar el timbre,
por fin había llegado el momento.
Salí corriendo hacia la puerta en la cual ya estaba mi
madre hablando con él. Al acercarme me di cuenta de que junto a Álex
también estaba Zaira con una sonrisa de oreja a oreja.
Ella se quedo mirándome fijamente, notó mi cara de
confusión de tal modo que dijo con sarcasmo:
-¿No
te pensarás que me iba a perder la primera eco de mi sobrino o
sobrina no?
-No
claro que no- contesté.
La
abracé y le di un beso a Álex, él cuál nos condujo hacia su
coche, me abrió la puerta, me senté y luego se metieron ellos dos.
En
el trayecto a la clínica estuvimos hablando de cosas sin sentido lo
que hizo el viaje más ameno.
En
menos de veinte minutos ya estábamos allí, nos dirigimos a la
recepción donde la secretaria nos mando a la sala de espera.
Al
entrar me di cuenta de que las mujeres que habían se me quedaron
mirando, todas ellas tenían ya una barriga prominente que te daba a
entender que estaban casi a punto de dar a luz. Yo bajé la cabeza
avergonzada, sabría que me pasaría esto en algún momento pero no
creía que fuese tan pronto. Poco a poco las mujeres fueron entrando
hasta que solo quedamos una chica de unos veintidós o veintitrés
junto a su pareja y nosotros. La chica era morena y bajita, y su
pareja era todo lo contrario a ella, rubio y alto, pero combinaban a
la perfección.
Después
de unos minutos me atreví a alzar la cabeza y preguntarle a aquella
muchacha.
-Perdona,
¿de cuanto vas?
Al
principio se quedó mirando hacía nosotros preguntándose quien
había sido hasta que se dio cuenta de que fui yo.
-De
unas treinta y dos semanas más o menos.-dijo ella feliz.
-Entonces
ya te queda poco-dijo mi chico.
-Si,
ya nos queda menos para que nuestro pequeño nazca-dijo esta vez la
pareja de la muchacha- Por cierto yo me llamo Víctor y ella es
Valeria- dijo aquel muchacho.
-Encantado,
yo me llamo Álex, ella es mi novia Malena y mi hermana Zaira.
Comenzamos
a hablar sobre cosas del embarazo, Valeria me contó por todos los
síntomas que ella había pasado y la verdad es que me asusté un
poquito.
La
secretaria salió de la consulta y me llamó, así que nos despedimos
de ellos y entramos.
Solo
habían dos sillas así que Álex nos cedió los sitios a su hermana
y a mi. La doctora empezó a hacerme preguntas rutinarias y cuando
pensó que ya lo tenía todo me pasó una bata blanca para que me la
pusiera. Fui hacía el baño me desvestí y me puse la bata.
Cuando
salí vi que Álex y Zaira estaban colocados al lado la camilla. Me
dirigí hacía allí y Álex me ayudó a colocarme de forma que
estuviera a gusto.
La
doctora se acercó a nosotros, se acomodó en una silla y subió la
bata dejando mi vientre a la vista, puso un gel bastante frío y
comenzó a mover el cacharrito para hacer las ecos por él. De
repente en la pantalla se vio una pequeña manchita que según nos
dijo la doctora ese era nuestro bebé, yo comencé a llorar y Zaira
igual ya que escuchaba sus sollozos. Mientras miraba la imagen
fijamente el sonido de un corazón comenzó a sonar por toda la
habitación, era mi bebé, quité la vista de la pantalla y la posé
en Álex, el me miró, susurró un gracias y me besó, y yo como no
gracias a las hormonas comencé a llorar de nuevo.
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