Al día siguiente me desperté sin saber donde estaba.
Nada más abrir los ojos todo empezó a darme vueltas y me aferré a
la cama con todas mis fuerzas. Esto es empezar el día con buen pie.
Antes de que pudiera poner un pie en el suelo mi madre estaba
entrando por la puerta y dirigiéndose hacia mí.
-¿Estas bien hija?
Yo negué con la cabeza porque todavía estaba un poco
mareada.
Mi madre me sujetó por el brazo para que no me cayese.
Cuando se me pasó me levanté y fui lo más rápido que puse al
baño. Esto ya se estaba convirtiendo en un habito de todas las
mañanas. Cuando terminé mi madre estaba de rodillas a mi lado
sosteniéndome un vaso de agua. Se lo agradecí con una simple
sonrisa que ella me devolvió. Me levanté y me lavé la cara y la
boca.
-¿Desde cuando llevas así?- preguntó mi madre con
incertidumbre.
-Desde hace tres semanas más o menos- dije sin mirarle
a la cara.
-¿Has pedido cita con el obstetra?
-No, me daba vergüenza- dije sonrojándome.
-Lo suponía- dijo mi madre riéndose por lo bajo- Por
eso te pedí cita yo para el martes que viene.
-Gracias.
Las dos fuimos hacia la cocina donde mi madre tenía
preparado ya nuestro desayuno. Había preparado leche y varios trozos
de manzana. Yo levanté mi cabeza del desayuno y le sonreí a mi
madre. Rápidamente empecé a comer todo lo que había encima, bueno
lo que se dice comer no comí, devoré.
-Hija, ¿vas a hacer algo hoy?
-Mmm, me parece que Álex quería que fuéramos a algún
sitio, pero no me acuerdo donde exactamente. ¿Por qué?
-Para decirte que esta tarde tengo que trabajar y que te
quedarás sola.
-Vale, no te preocupes.
Terminamos de desayunar mientras hablábamos de cosas
sin sentido.
Subí a mi habitación, la arreglé y me vestí. Una vez
hecho todo mi móvil empezó a sonar, era Álex. Estuvimos hablando
durante un corto tiempo, ya que él solo había llamado para decirme
que en 10 minutos venía a por mi para ir a comprar el regalo para su
madre ya que pasado mañana era su cumpleaños. Yo ya había pensado
lo que regalarle a ella pero no se lo había dicho a él porque
quería que fuera una sorpresa para los dos. Álex por su lado creo
que le iba a comprar una gargantilla o algo así.
Justo como él me había dicho, estuvo allí a los diez
minutos. Le di un beso y fuimos hacía su coche.
El camino al centro comercial fue en un silencio cómodo.
De vez en cuando mi vista se dirigía hacía él. Estaba guapísimo
como siempre.
Llegamos al centro comercial y mientras él fue a la
joyería a comprarle el regalo a su madre yo fui hacía la tienda de
al lado para buscar un portafotos. Yo le regalaría una de las
ecografías enmarcadas, aunque se lo tendría que dar más tarde ya
que mi primera cita era el martes que viene.
Mientras paseaba por la tienda vi varios que me gustaban
pero no sabía cual escoger, hasta que lo vi, era del tamaño
perfecto, de color morado y con unos dibujitos de chupetes, era
monísimo. Sin pensarlo dos veces lo cogí y fui hacía el mostrador
para comprarlo.
Una vez comprado me fui de vuelta hacía la joyería,
allí estaba Álex con cara de indecisión mirando dos gargantillas.
Me acerqué a él, y le rodeé la cintura con mis dos
brazos.
-¿Indeciso?
-Bastante-dijo él con el ceño fruncido.
Yo no pude aguantar la risa al ver su cara. Él empezó
a reír también.
Se decantó por la gargantilla que llevaba en la mano
derecha, se la dio a la dependienta y me abrazó y besó.
-Eres peor que una chica decidiéndose por dos conjuntos
de ropa.
Él empezó a reír al escuchar la salida que había
tenido.
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