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viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 10


Al día siguiente me desperté sin saber donde estaba. Nada más abrir los ojos todo empezó a darme vueltas y me aferré a la cama con todas mis fuerzas. Esto es empezar el día con buen pie. Antes de que pudiera poner un pie en el suelo mi madre estaba entrando por la puerta y dirigiéndose hacia mí.
-¿Estas bien hija?
Yo negué con la cabeza porque todavía estaba un poco mareada.
Mi madre me sujetó por el brazo para que no me cayese. Cuando se me pasó me levanté y fui lo más rápido que puse al baño. Esto ya se estaba convirtiendo en un habito de todas las mañanas. Cuando terminé mi madre estaba de rodillas a mi lado sosteniéndome un vaso de agua. Se lo agradecí con una simple sonrisa que ella me devolvió. Me levanté y me lavé la cara y la boca.
-¿Desde cuando llevas así?- preguntó mi madre con incertidumbre.
-Desde hace tres semanas más o menos- dije sin mirarle a la cara.
-¿Has pedido cita con el obstetra?
-No, me daba vergüenza- dije sonrojándome.
-Lo suponía- dijo mi madre riéndose por lo bajo- Por eso te pedí cita yo para el martes que viene.
-Gracias.
Las dos fuimos hacia la cocina donde mi madre tenía preparado ya nuestro desayuno. Había preparado leche y varios trozos de manzana. Yo levanté mi cabeza del desayuno y le sonreí a mi madre. Rápidamente empecé a comer todo lo que había encima, bueno lo que se dice comer no comí, devoré.
-Hija, ¿vas a hacer algo hoy?
-Mmm, me parece que Álex quería que fuéramos a algún sitio, pero no me acuerdo donde exactamente. ¿Por qué?
-Para decirte que esta tarde tengo que trabajar y que te quedarás sola.
-Vale, no te preocupes.
Terminamos de desayunar mientras hablábamos de cosas sin sentido.
Subí a mi habitación, la arreglé y me vestí. Una vez hecho todo mi móvil empezó a sonar, era Álex. Estuvimos hablando durante un corto tiempo, ya que él solo había llamado para decirme que en 10 minutos venía a por mi para ir a comprar el regalo para su madre ya que pasado mañana era su cumpleaños. Yo ya había pensado lo que regalarle a ella pero no se lo había dicho a él porque quería que fuera una sorpresa para los dos. Álex por su lado creo que le iba a comprar una gargantilla o algo así.
Justo como él me había dicho, estuvo allí a los diez minutos. Le di un beso y fuimos hacía su coche.
El camino al centro comercial fue en un silencio cómodo. De vez en cuando mi vista se dirigía hacía él. Estaba guapísimo como siempre.
Llegamos al centro comercial y mientras él fue a la joyería a comprarle el regalo a su madre yo fui hacía la tienda de al lado para buscar un portafotos. Yo le regalaría una de las ecografías enmarcadas, aunque se lo tendría que dar más tarde ya que mi primera cita era el martes que viene.
Mientras paseaba por la tienda vi varios que me gustaban pero no sabía cual escoger, hasta que lo vi, era del tamaño perfecto, de color morado y con unos dibujitos de chupetes, era monísimo. Sin pensarlo dos veces lo cogí y fui hacía el mostrador para comprarlo.
Una vez comprado me fui de vuelta hacía la joyería, allí estaba Álex con cara de indecisión mirando dos gargantillas.
Me acerqué a él, y le rodeé la cintura con mis dos brazos.
-¿Indeciso?
-Bastante-dijo él con el ceño fruncido.
Yo no pude aguantar la risa al ver su cara. Él empezó a reír también.
Se decantó por la gargantilla que llevaba en la mano derecha, se la dio a la dependienta y me abrazó y besó.
-Eres peor que una chica decidiéndose por dos conjuntos de ropa.
Él empezó a reír al escuchar la salida que había tenido.

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