Seguidores

jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo 14


Había pasado ya una semana desde que vi por primera vez a mi bebé. Iba ya de tres meses y medio y ya se empezaba a notar un pequeño vultito.
El día siguiente a la eco fui a la casa de mi chico para darle el regalo a mi suegra, que nada más verlo comenzó a llorar y reír sin parar, nos abrazó efusivamente a su hijo y a mi y nos hizo infinidades de preguntas.
Y ahora estaba en mi habitación esperando a que llegase Álex y toda su familia para cenar, y estaba asustada por como iría todo. Sabía que mi padre iba a sacar el tema del embarazo, y a pesar de que no me había dicho nada sobre el tema durante toda la semana, sabía que hoy saldría por fin. Y lo que más temía no era lo que pasaría con mi padre si no con el de Álex que no sabía nada de esto. Estuve dando vueltas por mi habitación hasta que escuche el timbre, bajé hacía el salón y me acomodé en uno de los sofás. De repente mi visión fue tapada por unas manos que ya conocía de sobra, una sonrisa se instalo en mi cara y giré la cabeza hacia mi chico para poder besarle. Le di un pequeño piquito y él se sentó a mi lado al igual que Zaira que se sentó en el otro. Mi madre y mi suegra se fueron hacía la cocina para terminar de poner la comida, y mi padre y mi suegro se dirigieron a sus puestos en la mesa. Nosotros tres nos sentamos también de la misma forma que en el sofá, es decir Álex y Zaira a los lados y yo en medio de ellos. Una vez todos sentados en la mesa, comenzamos a cenar, al principio notaba a mi padre demasiado tenso pero por suerte comenzó a hablar con mis suegros y se fue tranquilizando. Cada vez estaba más nerviosa porque veía que se acercaba la hora de la verdad. Álex tenía una de mis manos cogida por debajo de la mesa y cada vez que me notaba temblar la apretaba para darme a entender que el estaba ahí conmigo y que no se iría. Mi madre fue hacía la cocina con algunos de los platos vacíos y yo la ayudé. Una vez solas en la cocina me abracé a ella y no pude aguantar las ganas de llorar. Estaba demasiado nerviosa y asustada.
-Ey pequeña, ¿qué te pasa cielo?-me dijo mi madre mientras acariciaba mi espalda.
-Me asusta todo esto-dije en apenas un murmullo.
-No tienes porque temer a nada cariño, ya verás como todo sale bien.
Poco a poco mi llanto fue cesando hasta que paró completamente, fui hacía el fregadero y me eché un poco de agua en la cara.
-Mamá, ¿sabe papá que el padre de Álex no sabe nada de nada?
-La verdad no lo se hija, pero ya verás como todo va a ir bien...¿quieres que llame a Álex y Zaira?
-Si , por favor.
Mientras mi madre salía por la puerta, yo me senté en uno de los taburetes de la cocina, no habían pasado ni cinco minutos cuando vi la cabeza de Zaira y Álex asomar por la puerta, les hice un movimiento de mano y pasaron.
Zaira fue la primera en ver mi cara y descubrir que había estado llorando así que se acercó a mi y me abrazó, Álex parecía no darse cuenta, hasta que alcé la cabeza y me miró, hice una mueca extraña que no supe saber el porque, se acercó a nosotras dos y nos abrazó. Estuvimos un rato los tres en la cocina sin hablar apenas. Álex me había hecho levantarme y sentarme en su regazo, y mientras hablábamos comenzó a mover suavemente su mano sobre mi vientre haciendo que me relajase aún más. Sentía que me estaba quedando dormida y la verdad es que me daba igual. Zaira había dicho que iba a ir al baño. Y justo cuando abrió la puerta de la cocina se escucho un grito tremendo que sin duda alguna pertenecía al padre de Álex, que estaba como un loco gritando y moviendo las manos de un lado a otro de forma nerviosa.
Me bajé de Álex y salí de allí, fue poner un pie en el comedor y el padre de Álex empezó a señalarme y a decirme puta o mal nacida, aquello hizo que comenzase a llorar de nuevo. Alguien intentó meterme de nuevo a la cocina pero no le dejé. Escuché como Álex le gritaba a su padre y como aquel se lo devolvía, parecía que estaban a punto de matarse con la mirada. Como pude llegue hasta Álex y le cogí del brazo, note como poco a poco giraba su cuerpo hacía mi y lo que vi en sus ojos me hizo llorar más aún, él me abrazó y nos movió hacía mi habitación terminando aquella pelea. Nos acostamos en mi habitación y mi llanto no cesaba. En algún momento de la noche acabe durmiéndome, solo se que lo último que escuché fue: “Nunca me iré de tu lado, te amo”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario