Había pasado ya una semana desde que vi por primera vez
a mi bebé. Iba ya de tres meses y medio y ya se empezaba a notar un
pequeño vultito.
El día siguiente a la eco fui a la casa de mi chico
para darle el regalo a mi suegra, que nada más verlo comenzó a
llorar y reír sin parar, nos abrazó efusivamente a su hijo y a mi y
nos hizo infinidades de preguntas.
Y ahora estaba en mi habitación esperando a que llegase
Álex y toda su familia para cenar, y estaba asustada por como iría
todo. Sabía que mi padre iba a sacar el tema del embarazo, y a pesar
de que no me había dicho nada sobre el tema durante toda la semana,
sabía que hoy saldría por fin. Y lo que más temía no era lo que
pasaría con mi padre si no con el de Álex que no sabía nada de
esto. Estuve dando vueltas por mi habitación hasta que escuche el
timbre, bajé hacía el salón y me acomodé en uno de los sofás. De
repente mi visión fue tapada por unas manos que ya conocía de
sobra, una sonrisa se instalo en mi cara y giré la cabeza hacia mi
chico para poder besarle. Le di un pequeño piquito y él se sentó a
mi lado al igual que Zaira que se sentó en el otro. Mi madre y mi
suegra se fueron hacía la cocina para terminar de poner la comida, y
mi padre y mi suegro se dirigieron a sus puestos en la mesa. Nosotros
tres nos sentamos también de la misma forma que en el sofá, es
decir Álex y Zaira a los lados y yo en medio de ellos. Una vez todos
sentados en la mesa, comenzamos a cenar, al principio notaba a mi
padre demasiado tenso pero por suerte comenzó a hablar con mis
suegros y se fue tranquilizando. Cada vez estaba más nerviosa porque
veía que se acercaba la hora de la verdad. Álex tenía una de mis
manos cogida por debajo de la mesa y cada vez que me notaba temblar
la apretaba para darme a entender que el estaba ahí conmigo y que no
se iría. Mi madre fue hacía la cocina con algunos de los platos
vacíos y yo la ayudé. Una vez solas en la cocina me abracé a ella
y no pude aguantar las ganas de llorar. Estaba demasiado nerviosa y
asustada.
-Ey pequeña, ¿qué te pasa cielo?-me dijo mi madre
mientras acariciaba mi espalda.
-Me asusta todo esto-dije en apenas un murmullo.
-No tienes porque temer a nada cariño, ya verás como
todo sale bien.
Poco a poco mi llanto fue cesando hasta que paró
completamente, fui hacía el fregadero y me eché un poco de agua en
la cara.
-Mamá, ¿sabe papá que el padre de Álex no sabe nada
de nada?
-La verdad no lo se hija, pero ya verás como todo va a
ir bien...¿quieres que llame a Álex y Zaira?
-Si , por favor.
Mientras mi madre salía por la puerta, yo me senté en
uno de los taburetes de la cocina, no habían pasado ni cinco minutos
cuando vi la cabeza de Zaira y Álex asomar por la puerta, les hice
un movimiento de mano y pasaron.
Zaira fue la primera en ver mi cara y descubrir que
había estado llorando así que se acercó a mi y me abrazó, Álex
parecía no darse cuenta, hasta que alcé la cabeza y me miró, hice
una mueca extraña que no supe saber el porque, se acercó a nosotras
dos y nos abrazó. Estuvimos un rato los tres en la cocina sin hablar
apenas. Álex me había hecho levantarme y sentarme en su regazo, y
mientras hablábamos comenzó a mover suavemente su mano sobre mi
vientre haciendo que me relajase aún más. Sentía que me estaba
quedando dormida y la verdad es que me daba igual. Zaira había dicho
que iba a ir al baño. Y justo cuando abrió la puerta de la cocina
se escucho un grito tremendo que sin duda alguna pertenecía al padre
de Álex, que estaba como un loco gritando y moviendo las manos de un
lado a otro de forma nerviosa.
Me bajé de Álex y salí de allí, fue poner un pie en
el comedor y el padre de Álex empezó a señalarme y a decirme puta
o mal nacida, aquello hizo que comenzase a llorar de nuevo. Alguien
intentó meterme de nuevo a la cocina pero no le dejé. Escuché como
Álex le gritaba a su padre y como aquel se lo devolvía, parecía
que estaban a punto de matarse con la mirada. Como pude llegue hasta
Álex y le cogí del brazo, note como poco a poco giraba su cuerpo
hacía mi y lo que vi en sus ojos me hizo llorar más aún, él me
abrazó y nos movió hacía mi habitación terminando aquella pelea.
Nos acostamos en mi habitación y mi llanto no cesaba. En algún
momento de la noche acabe durmiéndome, solo se que lo último que
escuché fue: “Nunca me iré de tu lado, te amo”.
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