Me giré hacia mi novia que se había quedado pálida al
escuchar la pregunta de su madre. Se que ella tiene miedo a lo que le
vaya a decir su padre, y no lo niego yo también lo tengo.
Le di un apretón a la mano de mi madre y se la solté
para poder abrazar a mi chica. Ella se aferró con fuerza a mi camisa
evitando contestar a la pregunta de su madre. Empecé a pasar mi mano
suavemente por su espalda en un intento de hacer que se calmara pero
no sirvió de mucho. Cada vez se ponía más nerviosa por la mirada
de su madre puesta en ella.
-Amor, por favor, tranquilizate, no puedes estar tan
nerviosa. Eso no le hace ningún bien al bebé. Hazlo por el pequeño
y por mi.
Ella me miró he hizo un leve asentimiento de cabeza
dándome a entender que lo intentaría. Le di un pequeño beso en la
frente y la abracé más fuerte.
No te como suspiro y alzó su cabeza.
-No lo se- dijo respondiendo a la pregunta de su madre.-
No se como contárselo a papá. Porque se que no va a reaccionar como
reaccionaste tú. Me da miedo lo que diga.
Vi que intentaba retener las lágrimas pero una lágrima
traicionera se le escapó.
Vi como su madre se acercaba a ella para abrazarla así
que me separé un poco de ella para que pudiera hacerlo.
En cuanto notó el abrazo de su madre se puso a llorar
más fuerte.
Tenía unas ganas enormes de quitar los brazos de su
madre de ella y sustituirlos con los míos. No podía verla llorar
necesitaba tenerla entre mis brazos.
Al parecer mi madre vio mi cara de preocupación y me
pasó uno de sus brazos por mis hombros y me acercó a ella.
-Hijo, ella necesita ahora más que nunca estar así con
su madre. Déjala que se desahogue tranquila- me dijo mi madre al
oído.
Yo asentí pero no podía evitar mirar hacia el lado
donde se encontraban mi novia y su madre.
Ya habían pasado cinco minutos y Malena no paraba de
llorar. Me levanté y fui hacia la cocina para hacerle una tila. Una
vez la tuve hecha salí fuera, puse una mano en su hombro. Entonces
me miró, intentó sonreírme para darme las gracias pero solo le
salió una mueca. Yo le sonreí como se que le gusta y le tendí el
vaso. Poco a poco se lo fue tomando y acabó tranquilizándose.
-¿Estás mejor?- le pregunté preocupado.
-Si- dijo en voz baja.
-Cariño, ¿por qué no subes a tu cuarto y descansas?-
le dijo su madre acariciando su mejilla.- Y por tu padre no te
preocupes que ya veré yo como se lo digo.
-Gracias mamá- dijo mi novia mientras se intentaba
levantar.
Noté que no podía hacer mucho esfuerzos así que me
levanté y la cogí en brazos. Ella se sobresaltó porque no se
esperaba que lo hiciera. Yo solamente la miré a los ojos y empecé a
subirla hacia su habitación. La puse en su silla mientras yo iba a
abrir su cama para poder acostarla.
-Amor, ¿te vas a poner pijama?
Ella asintió y fue arrastrando sus pies hasta su
armario. Tomó su pijama y se metió en su aseo.
Fui a esperarla en la puerta para que después no
tuviera que hacer mucho esfuerzo.
Cuando abrió la puerta puse mi mano alrededor de su
cintura y la ayudé a moverse hacia su cama.
Una vez estuvo acostada la arropé.
-Descansa y no te preocupes por nada- le dije dándole
un beso en la frente.
Antes de que pudiera moverme, ella me cogió del cuello
de la camisa y me acercó hacia ella para poder besarme en los
labios. Viendo su intención, me acerqué a sus labios y la besé con
todo el amor que sentía por ella.
-Te quiero- dijo ella mirándome a los ojos.
-Y yo a ti.
Le volví a dar un beso en la frente y un piquito en sus
labios y salí hacia el comedor donde estaban mi madre y la de
Malena.
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