Cuando salimos de la casa de Álex dejamos a su madre
llorando ya que él prefería salir de su casa antes de que su padre
llegase. Al final Álex había salido de allí con una gran parte de
sus pertenencias, el maletero estaba a rebosar.
En pocos minutos llegamos a la puesta de mi casa, era ya
la hora de comer y por tanto mi madre había llegado.
Al entrar un olor exquisito se coló en mi y lo único
que pude hacer fue salir corriendo hacia la cocina donde encontré a
mi madre rondando por la cocina preparando un asado que tenía una
pinta suculenta. Mi madre se pegó un pequeño susto al escuchar la
puerta abrirse tan rápido pero se recupero enseguida y fue a
abrazarnos a los dos.
-¿Qué tal chicos? ¿Cómo os habéis levantado esta
mañana?
-Bien mamá, aunque tenemos que hablar con papá y
contigo.
-¿Y eso? No me asustes hija.
-Bueno... es que...-dije pero antes de poder continuar
Álex me interrumpió.
-Lo que Malena quiere decir es que por lo que pasó
anoche entre mi padre y yo, pues que cuando hemos ido esta mañana a
mi casa y e subido a mi habitación me e encontrado con una nota de
mi padre la cual decía que o dejaba a su hija o me iba de esa casa,
y como yo nunca voy a dejar a su hija pues me e marchado y la verdad
no tengo ningún sitio al que ir, y bueno... ¿podría quedarme
aquí?-dijo Álex mientras se posicionaba detrás mía y envolvía
sus brazos a mi alrededor.
Mi madre se quedó un rato en silencio meditando aquello
que le acababa de decir él, se sentó en una de las banquetas de la
cocina y nos miró fijamente.
-Por mi, hijo, no hay ningún problema y por mi marido
tampoco creo, ya que al ver que metió la pata anoche se siente un
poco mal, así que sí te puedes quedar. Lo que no se es donde
dormirás.- dijo mi madre dubitativa.
-Mamá, Álex puede dormir en mi habitación-dije yo en
un susurro pero lo bastante alto como para que lo oyera.
-No se, hija...
-Mamá, no me puede dejar embarazada, ya lo estoy, no va
a pasar nada- dije mientras mis hormonas salían a flote y mis ojos
se llenaban de lágrimas.
-Bueno, venga vale, meter sus cosas ahí, ya veré como
se lo digo a tu padre.
-No mamá, ya es hora de que afronte las cosas por mi
misma, así que lo de decírselo a papa lo hago yo.-dije con toda mi
valentía dejando atrás las lágrimas.
Mi madre se quedó sorprendida pero no dijo nada, se
levantó y empezó a poner la mesa. Álex y yo salimos dirección a
su coche para coger las cosas del maletero. Álex solo me dejó coger
una de sus bolsas con ropa y después me hizo quedarme en la
habitación con la excusa de hacerle hueco para que pudiera poner sus
cosas. Mientras que el iba y venía yo le vacíe dos cajones de mi
cómoda y le dejé un espacio bastante grande para que pudiera meter
sus cosas en el armario. Cuando dejó su caja de libros y discos me
dispuse a colocarlos junto a los míos. Así estuvimos los dos hasta
que mi madre nos llamó para que fuéramos a comer. Yo fui la primera
en sentarme y empezar a comer lo que hizo que aquellos dos se rieran
pero me dio igual, yo era feliz comiendo aquel asado.