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miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 12


La semana pasó rápido y por fin ya era martes, esta eufórica, por primera vez vería a mi bebé y según me dijo mi madre escucharía por primera vez su corazoncito. Álex vendría a por mi dentro de media hora, que por cierto la espera se me está haciendo eterna, necesito que venga ya, esto es insufrible. Mi madre cada vez que se asoma al salón comenzaba a reír al verme, no podía estarme quieta, no se cuantas vueltas le e dado ya a los canales de la tele, cuantas revistas he ojeado y cuantas veces he mirado el reloj. Me levanté cuando por fin vi que solo faltaban diez minutos para que viniese, fui hacia el baño y empecé a retocarme el poco maquillaje que me había echado y a arreglarme el pelo y a que de todos mis movimientos por el nerviosismo estaban algo descolocados.
Mientras me cepilla el pelo comenzó a sonar el timbre, por fin había llegado el momento.
Salí corriendo hacia la puerta en la cual ya estaba mi madre hablando con él. Al acercarme me di cuenta de que junto a Álex también estaba Zaira con una sonrisa de oreja a oreja.
Ella se quedo mirándome fijamente, notó mi cara de confusión de tal modo que dijo con sarcasmo:
-¿No te pensarás que me iba a perder la primera eco de mi sobrino o sobrina no?
-No claro que no- contesté.
La abracé y le di un beso a Álex, él cuál nos condujo hacia su coche, me abrió la puerta, me senté y luego se metieron ellos dos.
En el trayecto a la clínica estuvimos hablando de cosas sin sentido lo que hizo el viaje más ameno.
En menos de veinte minutos ya estábamos allí, nos dirigimos a la recepción donde la secretaria nos mando a la sala de espera.
Al entrar me di cuenta de que las mujeres que habían se me quedaron mirando, todas ellas tenían ya una barriga prominente que te daba a entender que estaban casi a punto de dar a luz. Yo bajé la cabeza avergonzada, sabría que me pasaría esto en algún momento pero no creía que fuese tan pronto. Poco a poco las mujeres fueron entrando hasta que solo quedamos una chica de unos veintidós o veintitrés junto a su pareja y nosotros. La chica era morena y bajita, y su pareja era todo lo contrario a ella, rubio y alto, pero combinaban a la perfección.
Después de unos minutos me atreví a alzar la cabeza y preguntarle a aquella muchacha.
-Perdona, ¿de cuanto vas?
Al principio se quedó mirando hacía nosotros preguntándose quien había sido hasta que se dio cuenta de que fui yo.
-De unas treinta y dos semanas más o menos.-dijo ella feliz.
-Entonces ya te queda poco-dijo mi chico.
-Si, ya nos queda menos para que nuestro pequeño nazca-dijo esta vez la pareja de la muchacha- Por cierto yo me llamo Víctor y ella es Valeria- dijo aquel muchacho.
-Encantado, yo me llamo Álex, ella es mi novia Malena y mi hermana Zaira.
Comenzamos a hablar sobre cosas del embarazo, Valeria me contó por todos los síntomas que ella había pasado y la verdad es que me asusté un poquito.
La secretaria salió de la consulta y me llamó, así que nos despedimos de ellos y entramos.
Solo habían dos sillas así que Álex nos cedió los sitios a su hermana y a mi. La doctora empezó a hacerme preguntas rutinarias y cuando pensó que ya lo tenía todo me pasó una bata blanca para que me la pusiera. Fui hacía el baño me desvestí y me puse la bata.
Cuando salí vi que Álex y Zaira estaban colocados al lado la camilla. Me dirigí hacía allí y Álex me ayudó a colocarme de forma que estuviera a gusto.
La doctora se acercó a nosotros, se acomodó en una silla y subió la bata dejando mi vientre a la vista, puso un gel bastante frío y comenzó a mover el cacharrito para hacer las ecos por él. De repente en la pantalla se vio una pequeña manchita que según nos dijo la doctora ese era nuestro bebé, yo comencé a llorar y Zaira igual ya que escuchaba sus sollozos. Mientras miraba la imagen fijamente el sonido de un corazón comenzó a sonar por toda la habitación, era mi bebé, quité la vista de la pantalla y la posé en Álex, el me miró, susurró un gracias y me besó, y yo como no gracias a las hormonas comencé a llorar de nuevo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 11


El cumpleaños de mi suegra estuvo bastante bien, comimos, bailamos, reímos y disfrutamos mucho de esa celebración. A mi suegra le encantó la gargantilla que Álex le regaló, aunque al principio se quejó un poco sobre que no deberíamos haberle comprado nada. Yo le avisé de que mi regalo se lo daría la próxima semana y ella me dijo que no había falta que le regalase nada que con estar de pareja con su hijo y hacerlo feliz para ella eso era ya suficiente, cuando dijo aquello yo no pude contener las lágrimas, las hormonas del embarazo no me dejaban tranquila en ningún momento. Sus brazos me rodearon mientras una risa salía de sus labios y yo comencé a reír también.
-¿Cuanto durará esto? -dije de forma irónica.
-Pues si el tuyo es como el mío tienes para largo- dijo mi suegra mofándose.
Después de aquel arrebato de emociones que me dio fui a buscar a Álex a su habitación ya que no lo veía por ningún lado.
Al abrir la puerta me lo encontré sentado en su cama mirando una foto. Al acercarme pude ver que era de nosotros dos en uno de esos días en los que fuimos al parque.
-Hola amor, ¿qué haces que no estás abajo?
-Oh, hola- dijo el sorprendido- No te había escuchado llegar... solamente iba a recoger las llaves del coche y al cogerlas e tirado la foto sin querer, y cuando la e visto me e empezado a reír jajaja, ¿te acuerdas de ese día?
-Como para olvidarlo después de lo que pasó.
Flashback
Álex y o había decidido salir a dar una vuelta ya que la lluvia había cesado y el sol estaba saliendo. Nada más salir de mi casa estuve a punto de caer al suelo al pisar un charco que había en la acera, suerte que Álex estaba a mi lado y consiguió cogerme. Los dos empezamos a reír por mi torpeza y después fuimos hacía el parque.
Estando allí estuve a punto de caer dos o tres veces más, de las cuales Álex me agarró para no caer. Y justo cuando íbamos de vuelta a mi casa, Álex pisó un pequeño charco de barro con tal mala suerte que cayó de culo y se mancho todo el pantalón por detrás. Parecía que se había cagado encima. Yo empecé a reírme de él, era imposible no hacerlo. Cuando conseguí calmarme extendí mi mano para ayudarle a ponerse en pie. Vi una sonrisa traviesa asomar en la cara de Álex pero lo dejé pasar. Cuando le di mi mano Álex la empujo hacía él haciéndome caer encima suya. Mientras lo miraba incrédula, él me tiró una bola de barro a la cara. No me lo podía creer. Me levanté rápidamente de encima suya, cogí un poco de barro y se lo tiré con la intención de darle en la cara pero acabó cayendo en su camisa. Así fue como surgió la pequeña pelea de barro entre los dos. En mitad de la pelea dije que me rendía, me acerqué a él y lo besé y el me correspondió tal y como pensaba que haría. Él no sabía que yo tenía una bola de barro en mi cara, y justo cuando nos separamos se la estampé en toda la cara y empecé a carcajearme. Álex comenzó a reír también, se acercó a mi y me besó. Nos cogimos de las manos y fuimos hacía mi casa. Al llegar mi madre me echó una bronca por llegar embarrada a casa pero después comenzó a reír. No nos dejó entrar a la casa, nos hizo ir al jardín trasero y lavarnos con la manguera. Y mientras estábamos en la labor de quitarnos el barro mi madre estuvo haciéndonos fotos sin parar.
Fin Flashback
Al recordar ese día una sonrisa se instaló en mi cara, Álex me miró y me besó con una intensidad que antes no había utilizado.
Se separó de mi y posó su frente contra la mía.
-Te quiero, no lo olvides.
-Nunca lo olvidaré-le dije con todo mi corazón.

viernes, 3 de agosto de 2012

Capítulo 10


Al día siguiente me desperté sin saber donde estaba. Nada más abrir los ojos todo empezó a darme vueltas y me aferré a la cama con todas mis fuerzas. Esto es empezar el día con buen pie. Antes de que pudiera poner un pie en el suelo mi madre estaba entrando por la puerta y dirigiéndose hacia mí.
-¿Estas bien hija?
Yo negué con la cabeza porque todavía estaba un poco mareada.
Mi madre me sujetó por el brazo para que no me cayese. Cuando se me pasó me levanté y fui lo más rápido que puse al baño. Esto ya se estaba convirtiendo en un habito de todas las mañanas. Cuando terminé mi madre estaba de rodillas a mi lado sosteniéndome un vaso de agua. Se lo agradecí con una simple sonrisa que ella me devolvió. Me levanté y me lavé la cara y la boca.
-¿Desde cuando llevas así?- preguntó mi madre con incertidumbre.
-Desde hace tres semanas más o menos- dije sin mirarle a la cara.
-¿Has pedido cita con el obstetra?
-No, me daba vergüenza- dije sonrojándome.
-Lo suponía- dijo mi madre riéndose por lo bajo- Por eso te pedí cita yo para el martes que viene.
-Gracias.
Las dos fuimos hacia la cocina donde mi madre tenía preparado ya nuestro desayuno. Había preparado leche y varios trozos de manzana. Yo levanté mi cabeza del desayuno y le sonreí a mi madre. Rápidamente empecé a comer todo lo que había encima, bueno lo que se dice comer no comí, devoré.
-Hija, ¿vas a hacer algo hoy?
-Mmm, me parece que Álex quería que fuéramos a algún sitio, pero no me acuerdo donde exactamente. ¿Por qué?
-Para decirte que esta tarde tengo que trabajar y que te quedarás sola.
-Vale, no te preocupes.
Terminamos de desayunar mientras hablábamos de cosas sin sentido.
Subí a mi habitación, la arreglé y me vestí. Una vez hecho todo mi móvil empezó a sonar, era Álex. Estuvimos hablando durante un corto tiempo, ya que él solo había llamado para decirme que en 10 minutos venía a por mi para ir a comprar el regalo para su madre ya que pasado mañana era su cumpleaños. Yo ya había pensado lo que regalarle a ella pero no se lo había dicho a él porque quería que fuera una sorpresa para los dos. Álex por su lado creo que le iba a comprar una gargantilla o algo así.
Justo como él me había dicho, estuvo allí a los diez minutos. Le di un beso y fuimos hacía su coche.
El camino al centro comercial fue en un silencio cómodo. De vez en cuando mi vista se dirigía hacía él. Estaba guapísimo como siempre.
Llegamos al centro comercial y mientras él fue a la joyería a comprarle el regalo a su madre yo fui hacía la tienda de al lado para buscar un portafotos. Yo le regalaría una de las ecografías enmarcadas, aunque se lo tendría que dar más tarde ya que mi primera cita era el martes que viene.
Mientras paseaba por la tienda vi varios que me gustaban pero no sabía cual escoger, hasta que lo vi, era del tamaño perfecto, de color morado y con unos dibujitos de chupetes, era monísimo. Sin pensarlo dos veces lo cogí y fui hacía el mostrador para comprarlo.
Una vez comprado me fui de vuelta hacía la joyería, allí estaba Álex con cara de indecisión mirando dos gargantillas.
Me acerqué a él, y le rodeé la cintura con mis dos brazos.
-¿Indeciso?
-Bastante-dijo él con el ceño fruncido.
Yo no pude aguantar la risa al ver su cara. Él empezó a reír también.
Se decantó por la gargantilla que llevaba en la mano derecha, se la dio a la dependienta y me abrazó y besó.
-Eres peor que una chica decidiéndose por dos conjuntos de ropa.
Él empezó a reír al escuchar la salida que había tenido.