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martes, 24 de julio de 2012

Capítulo 9


Me giré hacia mi novia que se había quedado pálida al escuchar la pregunta de su madre. Se que ella tiene miedo a lo que le vaya a decir su padre, y no lo niego yo también lo tengo.
Le di un apretón a la mano de mi madre y se la solté para poder abrazar a mi chica. Ella se aferró con fuerza a mi camisa evitando contestar a la pregunta de su madre. Empecé a pasar mi mano suavemente por su espalda en un intento de hacer que se calmara pero no sirvió de mucho. Cada vez se ponía más nerviosa por la mirada de su madre puesta en ella.
-Amor, por favor, tranquilizate, no puedes estar tan nerviosa. Eso no le hace ningún bien al bebé. Hazlo por el pequeño y por mi.
Ella me miró he hizo un leve asentimiento de cabeza dándome a entender que lo intentaría. Le di un pequeño beso en la frente y la abracé más fuerte.
No te como suspiro y alzó su cabeza.
-No lo se- dijo respondiendo a la pregunta de su madre.- No se como contárselo a papá. Porque se que no va a reaccionar como reaccionaste tú. Me da miedo lo que diga.
Vi que intentaba retener las lágrimas pero una lágrima traicionera se le escapó.
Vi como su madre se acercaba a ella para abrazarla así que me separé un poco de ella para que pudiera hacerlo.
En cuanto notó el abrazo de su madre se puso a llorar más fuerte.
Tenía unas ganas enormes de quitar los brazos de su madre de ella y sustituirlos con los míos. No podía verla llorar necesitaba tenerla entre mis brazos.
Al parecer mi madre vio mi cara de preocupación y me pasó uno de sus brazos por mis hombros y me acercó a ella.
-Hijo, ella necesita ahora más que nunca estar así con su madre. Déjala que se desahogue tranquila- me dijo mi madre al oído.
Yo asentí pero no podía evitar mirar hacia el lado donde se encontraban mi novia y su madre.
Ya habían pasado cinco minutos y Malena no paraba de llorar. Me levanté y fui hacia la cocina para hacerle una tila. Una vez la tuve hecha salí fuera, puse una mano en su hombro. Entonces me miró, intentó sonreírme para darme las gracias pero solo le salió una mueca. Yo le sonreí como se que le gusta y le tendí el vaso. Poco a poco se lo fue tomando y acabó tranquilizándose.
-¿Estás mejor?- le pregunté preocupado.
-Si- dijo en voz baja.
-Cariño, ¿por qué no subes a tu cuarto y descansas?- le dijo su madre acariciando su mejilla.- Y por tu padre no te preocupes que ya veré yo como se lo digo.
-Gracias mamá- dijo mi novia mientras se intentaba levantar.
Noté que no podía hacer mucho esfuerzos así que me levanté y la cogí en brazos. Ella se sobresaltó porque no se esperaba que lo hiciera. Yo solamente la miré a los ojos y empecé a subirla hacia su habitación. La puse en su silla mientras yo iba a abrir su cama para poder acostarla.
-Amor, ¿te vas a poner pijama?
Ella asintió y fue arrastrando sus pies hasta su armario. Tomó su pijama y se metió en su aseo.
Fui a esperarla en la puerta para que después no tuviera que hacer mucho esfuerzo.
Cuando abrió la puerta puse mi mano alrededor de su cintura y la ayudé a moverse hacia su cama.
Una vez estuvo acostada la arropé.
-Descansa y no te preocupes por nada- le dije dándole un beso en la frente.
Antes de que pudiera moverme, ella me cogió del cuello de la camisa y me acercó hacia ella para poder besarme en los labios. Viendo su intención, me acerqué a sus labios y la besé con todo el amor que sentía por ella.
-Te quiero- dijo ella mirándome a los ojos.
-Y yo a ti.
Le volví a dar un beso en la frente y un piquito en sus labios y salí hacia el comedor donde estaban mi madre y la de Malena.

jueves, 19 de julio de 2012

Capítulo 8


Ya hacía dos semanas del accidente de Álex y de la charla con mi madre. Todos los días iba a visitarlo a su casa. Me encantó la cara que puso al descubrir el regalo. ¡Se puso a llorar! ¡Qué mono! Yo en cuanto lo vi llorando me uní a él. Pero la cara que puso su hermana al entrar y vernos a los dos era un poema. Al verla empecé a reírme y no me pude controlar hasta que ella misma me tapo la boca con sus manos. Ese mismo día le conté a Álex lo que pasó con mi madre y él me dijo que la semana que viene, es decir, esta podría salir ya de su casa pero teniendo cuidado. Entonces quedamos en contárselo a mi madre esta semana.
Y aquel día tan esperado llegó, hoy tenía que contarle a mi madre que estaba embarazada y no sabía como. Estuve ensayando varias formas de decírselo pero ninguna me parecía la correcta.
Estaba esperando a que llegara Álex, estaba impaciente no lo siguiente. No sabía como se lo tomaría mi madre y eso es lo que más miedo me daba. Lo único que sabía concienzudamente era que Álex nunca me dejaría y que estaría a mi lado.
Pegué un salto de la cama al escuchar el sonido del timbre y caí al suelo. Intenté llegar antes que mi madre a la puerta pero no pude, me quedé a mitad de escalera cuando ella abrió la puerta. Allí se encontraba Álex pero cuando entró me quedé parada al ver que su madre venía con él. Me quedé tan parada que no sabía lo que hacer. ¿No era que íbamos a hablar nada más que con mi madre? ¿Por qué tuvo que traerla? Ahora mis nervios crecieron más aún.
Vi como Álex giraba su cabeza hacia las escaleras. En cuanto me divisó fue hacia mi y me tomó de la mano. Todavía no me podía mover, notaba como el tiraba de mi mano para hacerme bajar pero mis piernas no se movían.
-Amor, ¿qué te pasa?
-Esto... ¿qué hace aquí tu madre?
-Pensé que ella también tenía derecho a saberlo. Lo siento por no haberte avisado.- me dijo acariciando mi mejilla en un intento de calmarme.
-Vale, no pasa nada. Es que me a tomado de sorpresa el que ella estuviera aquí.
Cuando Álex volvió a tirar de mi reaccioné y fui tras él hasta llegar al comedor.
Allí estaban nuestras madres hablando tranquilamente sin saber lo que les iba a venir encima.
Empecé a temblar de los nervios y él me apretó la mano para hacerme saber que él estaba conmigo. Nos fuimos hacia el sofá que estaba desocupado ya que nuestras madres estaban en los sillones individuales.
Al sentarnos vi que nuestras madres nos miraron, pero más aún a nuestras manos aún unidas.
-Mamá, Lidia, tenemos algo que deciros- dije yo con voz estrangulada.
-¿Qué te pasa hija?¿Por qué estás tan nerviosa?
-Es que lo que tenemos que deciros es muy difícil para los dos- habló ahora Álex.
-Chicos, ¿qué pasa?
-Es que... nosotros.. bueno yo... esto...- dije sin saber que hacer. Tomé un largo suspiro y solté de repente.- Estoy embarazada.
Lo dije tan rápido que al principio ninguna de las dos se dio cuenta de lo que había dicho. Pasado un tiempo, miré a mi madre y vi que empezaba a comprender lo que había dicho. Me miraba con cara de desconcierto. Yo cada vez estaba más abrazada a Álex al igual que él a mi. Los dos mirábamos a nuestras madres y después a nosotros. No sabíamos que hacer, nadie hablaba y yo estaba que me tiraba de los pelos.
-¿De verdad?- fue la única pregunta que salió de la boca de mi madre.
Los dos asentimos a la vez y volvimos a abrazarnos fuertemente.
-¿De cuanto?- preguntó la suya.
-De dos meses o así.- dije apenas en un susurro.
Se volvió a formar un silencio enorme entre todos. Notaba la mano de Álex bajar y subir por mi espalda intentando calmarme, se lo hubiese agradecido de no ser porque estaba todo el rato mirando a mi madre que tenía la vista fija en mi vientre.
-¿Qué van a hacer?- dijeron las dos a la vez como si estuvieran compinchadas.
-Tenerlo- dijimos Álex y yo.
-Se que somos jóvenes y que nos va a costar, pero también sabéis que los dos somos lo bastante maduros para afrontar esto. Yo me pondré a trabajar por las tardes para conseguir un dinero extra. Tanto con vuestra ayuda como sin ella vamos a tener a nuestro bebé- dijo él a la vez que ponía su mano en mi vientre.- Yo quiero a su hija y a esté pequeñín que todavía no a nacido. No me voy a separar de ellos aunque me lo prohibáis. Ahora ella y el bebé son mi familia y no me separaré. Solo me iré cuando ella me diga que ya no me quiere ni que quiere estar conmigo. Espero que nos apoyéis, pero si no es así, nos da igual. Vamos a tener a nuestro bebé tanto si queréis como no. Porque no solamente los quiero si no que los amo y los protegeré con mi vida si es necesario.
No pude evitar llorar a las palabras de Álex. Me encantó como nos defendió delante de nuestras madres que se encontraban contrariadas. Seguramente nunca habían visto a Álex tan convencido al decir algo. Estaba totalmente serio mirando a las dos mujeres frente a nosotros mientras que una mano reposaba en mi vientre y la otra se aferraba a mi cintura.
Vi a mi madre levantarse y dirigirse hacia nosotros. Al estar a nuestra altura nos abrazó. Yo me quedé en “shock” no esperaba que mi madre hiciera eso. Pensé que nos gritaría o que nos echaría fuera, pero nunca esperaba un abrazo de su parte.
-Solamente te voy a pedir una cosa muchacho, que la cuides y la ames con todo tu ser.- le dijo mi madre a Álex seriamente.
-Ya lo hago- fue la simple respuesta de él.
Mi madre me beso la mejilla y me volvió a abrazar como solo una madre sabe.
No me di cuenta en el momento en el que la madre de Álex se acercó a nosotros hasta que sentí como las manos de mi novio se separaban de mi para abrazar a la suya que estaba llorando.
-Mamá, ¿por qué lloras?-Le preguntó en susurros.
-Porque mi pequeño va a tener a su propio pequeño. Te me has echo mayor demasiado pronto.
Él empezó a reírse mientras envolvía a su madre de nuevo en un abrazo. Su risa era tan contagiosa que todas acabamos riéndonos.
Vi que mamá se quedaba mirando a la nada sumida en sus pensamientos.
-Mamá, ¿ocurre algo?
-Mmm... ¿cómo se lo dirás a tu padre?

martes, 17 de julio de 2012

Capítulo 7


La cita con Álex había sido la mejor. De camino a casa estuvimos hablando de que tendría que pedir una cita con mi ginecólogo para ver como iba todo. Pensé en contárselo a mi madre para que ella la pidiera, porque a mi me daba mucha vergüenza.
Ya era sábado, mis primas estaban por venir. Las nauseas seguían y ahora empezaban también los mareos. Conseguí disimularlos delante de mis padres. Pero veía como mi madre me miraba de una forma rara cada vez que salía del baño después de mis nauseas mañaneras. Seguro que me ha oído pero no quiere decirme nada. Tengo que hablar con ella, pero hoy no. Estarán mis primas y se que mi madre gritará, la conozco demasiado para saber que lo hará. A parte quiero que Álex esté conmigo, necesito su apoyo.
Me levanté y fui hacia mi armario. Me cogí unos pantalones cortos y una camisa de tirantes ancha, ya se me empezaba a notar un poquito la barriga, no mucho pero si las personas que me conocieran se fijasen se darían cuenta de que había engordado.
Mientras cogía la ropa miré el regalo que me hizo Álex, estaba escondido en una de las lejas de mi armario. Me encantaba verlo todas las mañanas.
Mientras me vestía escuche que me llamaban al móvil y por la música supe quien era, mi amiga Zaira. Terminé de vestirme rápidamente y fui hacia mi móvil. Lo cogí antes de que terminara de sonar.
-Male ¿cómo estas?
-Bien. ¿A pasado algo?
-Si...
-¿Qué?
-Mi hermano a...
-¡Zaira dime de una vez! ¿Qué le a pasado a tu hermano?
-A tenido un accidente con el coche.
¿Cómo? No puede ser, pero si hace unos días estaba bien. Tenía que ir a verlo inmediatamente.
-Zaira ¿dónde estás?
-En mi casa, voy ahora mismo hacia el hospital.
-Por favor esperame que me voy contigo.
-Ok amiga. Te espero. Te quiero.
Colgué lo más rápido que pude y me puse las deportivas. Bajé corriendo hacia el salón y le dije a mi madre que me iba un momento y que luego venía. No le di tiempo a que replicara nada porque salí corriendo hacia la casa de enfrente.
Zaira me estaba esperando en la puerta de su casa. Nos subimos al coche de sus padres que nos estaban esperando. Iba de los nervios, espero que no le haya pasado nada si no me muero, él tendría que estar para mi bebé y para mí, pero sobre todo para nuestro pequeñín.
Zaira me veía con cara de preocupación tanto por su hermano como por mí. Con cuidado se acercó a mi y me susurró al oído para que sus padres no se enteraran que me relajase un poco por el bebé, yo le dije que lo intentaría pero que no le daba nada por seguro.
Llegamos en tiempo récord al hospital. Salimos disparados del coche hacia la recepción. Sus padres preguntaron por él nada más llegar y lo que les dijeron me dejó congelada. Lo estaban operando.
Dejé de escuchar lo que decía aquella mujer después de decir que lo estaban operando, empecé a pensar lo peor. Cada vez estaba más nerviosa, no sabía donde ponerme, empecé a moverme de un lado al otro en la recepción. Solo paré cuando Zaira me cogió de los hombros y me hizo que parase. Entonces la miré a los ojos y empecé a llorar de impotencia. ¿Por qué le tenía que pasar a él?
-Male tranquilízate, por favor.
-¿Cómo quieres qué me tranquilice? ¡Lo están operando!- dije exaltada.
-¿No has escuchado nada verdad?
-No mucho...- dije mirándola avergonzada.
-Lo están operando, sí, pero no es nada grave, es porque se ha roto la clavícula, pero ya está, tranquilizate por favor.
-¿En serio? ¿No me mientes? ¿Es solo eso?
-Sí, es solo eso, no te estoy mintiendo. Así que por favor siéntate y relajate- dijo abrazándome por los hombros- Por tú bien y el del bebé- me dijo al oído.
Nos sentamos a esperar a que alguien saliera y nos diera noticias. Mientras esperábamos le mandé un mensaje a mi madre diciéndole que me retrasaría y que no iría a comer. A la hora de estar allí esperando salió un médico preguntando por la familia de Álex, los cuatro nos levantamos y nos dijo que podíamos subir a verle que ya lo habían subido a una habitación. Volví a ponerme nerviosa y no se porque.
Sus padres entraron primero, al rato ellos salieron diciendo que iban a comer y entonces entramos nosotras dos.
Abrimos la puerta impacientemente y entramos corriendo en la habitación. Primero dejé que su hermana lo saludara con un abrazo. Parece que Álex no me vio entrar porque cuando me acerqué a él se sorprendió. Le sonreí y me acerqué para darle un beso. No pude reprimir las lágrimas pero esta vez eran de alivio. De saber que él estaba bien. De que no le había pasado nada. Con la mano que no llevaba vendada me quitó las lágrimas y me acercó más a él hasta que pudo abrazarme.
-¿Estás bien?- le pregunte aún abrazados.
-Ahora que estás aquí estoy mejor.
-¿Cómo sucedió?- preguntó su hermana sentándose en la cama.
Yo me enderecé y me senté también esperando su explicación.
Se quedó pensativo, como si estuviera intentando recordar que pasó.
-Lo único que recuerdo es que iba de camino a casa y que enfrente venía un coche haciendo eses por toda la longitud de la calle. Intenté esquivarle pero no pude y chocamos. La verdad es que no se como estará aquel hombre, espero que bien. Me siento culpable de haber chocado con él.
-Amor tu no tienes la culpa de nada. La culpa la tiene ese hombre que iba borracho no tú. Fue él el que chocó contra ti, no tú contra él.
Su hermana asintió a lo que le dije y el nos miró a las dos y nos dio un gracias.
Ya eran pasadas las tres y debía ir a mi casa por lo menos para saludar a mis primas. Me despedí de mis dos hermanos favoritos y justo cuando iba a salir entraron sus padres, me despedí de ellos y fui a la parada de autobús. Cogí el primero que vi y fui hacia mi casa.
Al llegar me encontré a todos en la puerta, parece ser que se iban a algún lado. Llegué justo a tiempo. Fui corriendo de la parada del bus a casa. Salude a mis primas y me fui en el coche con mis padres. Íbamos a ir al cine y a comprar unas ropitas de bebé para el pequeño Lucas que se había manchado y no habían traído mudas limpias. Me alegré de que fuéramos a una tienda de bebés porque podría mirar ropa sin ser descubierta.
Nada más llegar los hombres se fueron a la taquilla del cine para comprar las entradas y nosotras fuimos hacia la tienda. Me encantó toda la ropa que veía sobre todo los trajes y vestidos que habían eran hermosos.
En el cine mientras que todos veían la película yo empecé a divagar por mis pensamientos. Empecé a imaginar a mi bebé vistiendo las ropas que había visto y a Álex haciéndole carantoñas al pequeñín.
-Hija vamos levanta, la peli ya a terminado, es hora de irse.
Cuando conseguí salir de mis pensamientos, me levanté y me arreglé la ropa.
Mis padres se fueron a la cafetería de enfrente y yo me encaminé hacia la tienda que habíamos estado antes. Ahora que Álex estaba en cama no podríamos hacer casi nada, por eso decidí comprar un conjunto unisex para regalárselo a él como hizo conmigo. Mientras pagaba vi a Laura, mi gran enemiga, mirando el escaparate de la tienda y parece ser que me vio porque no apartaba la mirada de mi. Le dije a la encargada que envolviera la ropita. Pagué lo más rápido posible y salí disparada de la tienda pensando que así no me cogería. Pero me equivoqué, fue salir de la tienda y me agarró del brazo.
-¿Qué quieres?- le pregunté cortante.
-¿Qué le hiciste a Álex? Se que está en el hospital.
-Yo no le hice nada para tu información.
Dicho esto me deshice de su agarre y salí corriendo hacia los aseos, tenía unas ganas tremendas de llorar y no me apetecía que me vieran.
Cuando conseguí calmarme salí y me miré al espejo. Iba horrorosa, tenía los ojos rojos y el labio hinchado por haber estado mordiéndolo. Me eché agua en la cara y me la sequé. Decidí darme un paseo para conseguir relajarme del todo y que cuando llegase con ellos no se me notara.
Llegué junto a mis padres. Mi padre pareció no notar lo que me pasaba pero mi madre sí, porque me miró de una forma rara pero no quiso decir nada.
Llegamos a casa y yo subí a mi cuarto a guardar el regalo.
Justo cuando cerré la puerta de mi armario escuché que tocaban a mi puerta.
-Soy yo hija. ¿Puedo pasar?
-Si, mamá.
Mi madre entró y cerró la puerta, se fue hacia mi cama, se sentó en ella y me hizo un movimiento dándome a entender que me acercara. Le hice caso y me senté junto a ella.
-Hija, ¿qué pasa? Y no me digas que nada porque no te creeré.
Mierda, sabía que tenía que decírselo pero no tan pronto. Quería que en este instante Álex estuviera a mi lado y no tener que afrontarlo sola. No sabía ni como empezar a contárselo. Que le decía “mamá estoy embarazada” o “mamá vas a ser abuelita.”
-Hija,¿tan grave es que no me lo quieres contar?
-No es eso... es que necesito que...
-¿Qué necesitas?
-Tiempo mamá, no mucho solo un poco, solo te pido eso.
-Vale pequeña. Cuando quieras me cuentas. Sabes que puedes confiar en mí.
-Lo se mamá- le dije dándole un abrazo.