Después de cenar y recoger mis cosas, subí a mi cuarto
a coger mi bolso y demás cosas. Solo quedaban cinco minutos para las
diez por lo que decidí bajar y sentarme en el sofá a esperar. Justo
cuando iba a sentarme escuche el timbre, chillé que iba yo a abrir y
vi al ser más hermoso que pudo haber en el mundo nada más abrirla.
Le dije a mis padres mediante chillidos que me iba.
Ya fuera vi que Álex tenía su coche y vaya cochazo, ya
lo había visto varias veces en él, pero verlo de cerca era más
impresionante, era un deportivo descapotable de un color grisáceo.
Me tendió su mano y la agarré sin ninguna duda.
Caminamos hacia su coche y me abrió la puerta, ¡que caballero!
Puso música y arrancó el coche.
-¿Dónde vamos?- pregunté, la duda me estaba matando.
-Sorpresa- dijo el con una sonrisa pilla.
-¿No me vas a dar ninguna pista?
-Solo te voy a decir que ya queda poco para llegar.
Empecé a mirar de un lado para otro y lo único que
veía eran árboles y más árboles. Avanzamos un poco más y me di
cuenta que frente a nosotros había como una especie de parque. Digo
especie porque solo tenia dos columpios y una mesa de pic-nic
decorada con un mantel rojo clarito, unas velas y unas copas de
helado.
No se porque pero unas lágrimas traicioneras escaparon
de mis ojos. Álex paró el coche y se giró hacia mí. Escuché una
risa leve venir de él mientras que me limpiaba las lágrimas con sus
manos.
-¿Por qué lloras amor?
-No lo se.- dije y comencé a reír.
-¿Y ahora por que te ríes?
-Tampoco lo se.
-Las hormonas hacen estragos en ti.- dijo acariciando mi
mejilla.
El salió del coche y antes de que pudiera abrir la
puerta ya estaba él con la puerta abierta y tendiéndome su mano.
Nos llevó hasta la mesa y empezamos ha hablar de cosas sin sentido
mientras nos comíamos el postre. Una vez hubimos terminado, Álex
sacó una manta del coche y la puso en el suelo. Me llamó y me
senté, él se puso detrás mía y me abrazó poniendo una de sus
manos en mi vientre. Yo puse la mía encima de la suya y sonreí como
una tonta. Me entró frío así que Álex puso una manta sobre
nosotros. Nos quedamos mirando las estrellas, hasta que note como
Álex se movía buscando algo. Puso delante mía una cajita envuelta
en un papel con pequeños ositos.
-¿Para mí?- pregunté embobada.
Él solamente asintió y yo con manos temblorosas abrí
el pequeño regalo que consistía en unos patucos de color neutro y
un chupete. Me puse a llorar mientras me reía como una loca. ¡Odio
las hormonas enserio!
Me di la vuelta como pude y lo besé expresándole en
ese beso todos mis sentimientos.
-Gracias- dije en un pequeño susurro.
Él solo se acercó a mi y me volvió a besar. Se
levantó y se puso delante mía, lo que nunca imaginé que fuera ha
hacer lo hizo. Se puso de rodillas y beso mi vientre aun plano.
-Hola bebé. Soy tu papi. Espero que no le estés dando
muchos problemas a mami. Te quiero mucho pequeñín.
Mientras que él le hablaba a mi barriga, yo lo miraba
con ojos llenos de lágrimas y le tocaba el pelo.
Se levantó y con él me llevó a mi. Me limpió las
lágrimas otra vez y me miró a los ojos mientras se acercaba poco a
poco a mí. Nuestro labios se unieron de nuevo en un beso lleno de
amor.
-Te quiero- me dijo mirándolo a los ojos.
-No tanto como yo a ti.- le dije acariciando mi mejilla.